Agustín Javier Zamarrón, diputado socialista por Burgos, ha sido el encargado este martes de presidir la Mesa de Edad y, por lo tanto, de dirigir la primera votación de la Cámara, la que ha servido para elegir a la presidenta y al resto de miembros de la Mesa. Su presencia ha destacado, entre otras cosas, por su parecido al escritor Ramón María del Valle-Inclán.

Numerosas bromas han ido circulando por las redes, señalando dicho parecido.

“En España podrá faltar el pan, pero el ingenio y el buen humor no se acaban”. (Ramón María del Valle-Inclán, Luces de Bohemia)

Sin embargo, este parecido me evoca o me hace pensar en el enorme paralelismo (y, por otra parte, coincidencia con el diputado socialista) que existe entre el escritor gallego y el propio Congreso de los Diputados. Y es que el propio creador de el Esperpento hubiera disfrutado de lo lindo viendo cómo su teoría más conocida y analizada estaba poniéndose en práctica en el mismísimo Congreso, teniendo además como presidente a un diputado que su parecido con él mismo provocaba, aún si cabe, una situación más esperpéntica.

“Los héroes clásicos reflejados en los espejos cóncavos dan el Esperpento. El sentido trágico de la vida española sólo puede darse con una estética sistemáticamente deformada.” (Ramón María del Valle-Inclán, Luces de Bohemia)

No fue hasta la jura o promesa de la Constitución cuando realmente afloró el espíritu propio del español contemporáneo, fuera catalán, vasco, andaluz o madrileño. Aquí, en esto de comportarse y saber estar no hay distinción alguna de ideologías, incluso, si se es nacionalista español o independentista catalán.

“Este pueblo miserable transforma todos los grandes conceptos en un cuento de beatas costureras.” (Ramón María del Valle-Inclán, Luces de Bohemia)

El telón se corrió y empezaron a aparecer los diferentes personajes que estamos acostumbrados a ver y, desgraciadamente, escuchar. La competición era digna de ver; nacionalistas españoles jurando por España la Constitución con ese tono sumamente solemne y heroico del que nos tienen tan acostumbrados se pasaba, como si de un suspiro se tratara, a la (¿promesa?) de los independentistas catalanes por la república catalana y los presos políticos. La función, claro está, estuvo acompañada por el pataleo infantil de algunos diputados al escuchar las diferentes intervenciones que provenían del sector independentista. El pataleo, como puede comprobarse en los numerosos vídeos, no es una calificación que haya escrito como mero recurso estilístico, sino algo literal, real como la función que nuestros representantes políticos estaban ofreciéndonos en vivo y en directo.

Quizás, el problema, nuestro problema, no sea otro que el de tolerar estos espectáculos tan innecesarios ya. Quizás, nuestro problema no sea otro que quedarnos con la parte jocosa y divertida de nuestra tragedia; no tener el valor a profundizar, a ir más allá de esos mensajes tan rimbombantes y sucios que se nos entregan diariamente. Quizás, lo que verdaderamente le apasiona al pueblo español no sea otra cosa que vivir siempre en la parte tragicómica de la vida.

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