Soy hija. Pero que difícil debe ser hacer de padre en pleno siglo XXI, donde se debate entre el derecho y la obligación. Hay tantos tipos de padres como variedad de hijos, pero quiero enfocarme en la forma de prepararlos para volar sin que sufran una caída: y sorpresa, es imposible. Por lo general se le ha cogido miedo al fracaso del niño, a la frustración, a la decepción. Hay padres que temen que su hijo pueda traumarse por recibir una mala noticia, ¿Cómo se debe entonces preparar a alguien para el mundo real?.

Hay padres que optan por tenerlos entre algodones, procurando que tenga la vida resuelta sin hacer un solo esfuerzo. Darlo todo bien preparado para que no haya margen de fallo ¿Es esto sano? No. No lo es. No soy madre, pero soy hija, y no hay nada que enseñe más que la experiencia propia. No puedes solucionar un problema bien hasta que no lo resuelves tú mismo.

Otros padres entienden la educación como “llevar al niño”, cuando no es así: educar es acompañar. Enseñar lo necesario y dar las herramientas para que él mismo sea capaz de solucionar sus propios problemas. Si el objetivo es convertir a esa persona en alguien independiente, ¿Qué sinsentido es decirle que, cuando, y como debe hacer las cosas?. Ojo, no hablo de no poner límites, hablo de establecer confianza.

La confianza, junto con la comunicación, son las bases de cualquier relación, sin estas dos las cosas no fluyen y acaba construyéndose un muro entre las dos personas, en este caso entre padres e hijos. Como he dicho antes hay muchas clases de padres, pero no se dejan de repetir los mismos problemas: falta de obediencia. Esta se suele relacionar casi indirectamente con un problema causado por el hijo, por la rebeldía de la edad. Pero ¿Y si son los padres los que originan esto?. Evidentemente no es el 100% de los casos, pero esto ocurre más de lo esperado, y es que hay padres que exigen demasiado. Si, exigen demasiado.

Metiéndome en el tema de la adolescencia: es una época de rebeldía contra todo aquello que consideramos opresor. Y esto solo trae problemas. Siendo hija creo en la disciplina, en las normas y los deberes, pero creo también en la posibilidad de que un adulto se equivoque. Cuando un padre no atiende a réplicas ni negociaciones puede que esté enterrando su propia relación sin saberlo. Sobreexigir a un adolescente (el cual sea normalmente responsable) no va a hacer que este sea más precavido ni más manso en la siguiente negociación para conseguir algo. Va a hacer que después de un par de intentos tache a su padre de mente cerrada, y lo único que se consigue así es perder la confianza, y en ese momento se pierde lo único que puede unir un padre a un hijo además de la sangre.
Esto trae consigo el problema mencionado anteriormente, desobediencia. Indisciplina.

Hay algo que se llama voto de confianza, algo así como un tanteo para probar como de responsable es el chaval. Y sin duda creo que es lo más efectivo. Si se trata de educar en una época en donde todo el mundo tiene el derecho de ser escuchado y la obligación de escuchar, sería un poco hipócrita que los adultos se apoyasen en la ley del más fuerte. Porque además de ser inútil solo crea conflictos.

La confianza lleva a la comunicación, y esta le complementa. Cuando estas dos están en equilibrio no existe la posibilidad de dudar del hijo, no estarás preocupado por si te miente o no, por si hace algo a tus espaldas (algo de lo más común en adolescentes con padres exigentes). Como conclusión, desde mi punto de vista de hija con madre comprensiva, y amiga de gente con padres exigentes creo que, al final la función de un padre es enseñar, mostrar el mejor camino, pero es la propia experiencia de aciertos y fallos los que nos dan la mayor lección.

Como consejo para los hijos, no hay nadie que sepa mejor como tratar con vuestros padres que vosotros mismos. Llegar a tener confianza con ellos no es fácil, de hecho es un camino muy largo y muy duro, pero la recompensa es poco más que increíble. La sensación de sinceridad y satisfacción cuando no necesitas mentir ni engañar para conseguir algo es increíble. Y padres, vosotros habéis sido hijos. A veces deberíais recordar como os sentíais cuando aun sabiendo que ibais a hacer las cosas bien vuestros padres desconfiaban de vosotros, no os creían. No dejéis de ser hijos adolescentes nunca, la experiencia es la mejor maestra, y vosotros a fin de cuentas solo podréis acompañarnos en nuestras caídas para enseñarnos a levantarnos. Pero no intentéis evitar la caída, porque eso a la larga solo nos hará débiles.

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