1898, el fin del Imperio Español, Cuba y las Filipinas perdidas, donde antaño no se ponía el sol, ahora afronta uno de los periodos más oscuros de la historia. En Baler, una localidad de una de las islas del norte, hay 400 hombres que se reducen a 50 ante la aparente sensación de paz tras un pacto con los revolucionarios en 1897. Esta sensación dura poco, el 1 de mayo del año siguiente comienza una revolución en Filipinas financiada por Estados Unidos. Un mes más tarde, el destacamento es atacado por revolucionarios filipinos sin previo aviso, pues desconocían que estaban en guerra con Estados Unidos y que se hubiese desatado una revolución. Los soldados y dos frailes de refugian en la iglesia del pueblo, es 1 de julio, comienza el sitio.

Desde el principio los filipinos enviaban noticias del desarrollo de la guerra a los sitiados para minar su moral y conseguir su rendición, lo que sería el germen de la posterior desconfianza de los españoles. En agosto Manila cae en manos estadounidenses y el gobierno español envía misivas para que el contingente de 50 soldados 2 oficiales, el gobernador militar, dos sanitarios filipinos, un oficial médico, el comandante político-militar de la zona y el párroco, se rindieran. Como no surgió efecto los filipinos envían a dos frailes franciscanos que tenían prisioneros a convencerlos, pero estos se unen al asedio.

En diciembre España cede a Estados Unidos la soberanía de Filipinas, que entraba en vigor en abril del año siguiente. En febrero de 1899 los estadounidenses engañan y atacan al ejército filipino, dando lugar a la guerra filipino-estadounidense, en la que los españoles solo son espectadores. Las últimas tropas españolas siguen siendo evacuadas y los sitiados no ceden, se niegan a abandonar las armas. En abril los estadounidenses envían una cañonera para liberar Baler por petición española, pero se enfrentan a los filipinos y no logran su cometido.

A finales de mayo llega, por orden del gobernador general español, el teniente coronel Aguilar para convencer a los sitiados, no lo logra y tiene que marcharse. La visita no fue en vano, los sitiados encontraron en uno de los periódicos que había dejado una noticia que no podía haber sido falsificada, lo que les convenció de que la situación era real y llegaba el momento de rendirse. El 2 de junio de 1899, el destacamento español de Baler se rindió, tras un sitio de 337 días.

Las condiciones de la rendición fueron honrosas, conservando armas, estandarte y no siendo considerados prisioneros de guerra. A pesar de las condiciones, por motivos de seguridad, abandonaron las armas, serían escoltados por los soldados filipinos a Manila. En este periodo las bajas fueron de 17 en el bando español y 6 desertores, entre ellos los dos sanitarios filipinos, y de 700 bajas entre muertos y heridos en el bando filipino. A su llegada a Manila y posteriormente a España fueron tratados como héroes, por su valor y tenacidad en la defensa de los intereses del país.

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