Diario de un skin (2003) y El año que trafiqué con mujeres (2004) dos crónicas escritas por Antonio Salas, que realiza periodismo de investigación encubierto.

El primer libro, Diario de un skin, sirvió como prueba en el macrojuicio contra HammerSkin consiguiendo la primera sentencia en Europa por asociación ilícita contra una organización neonazi. Antonio Salas destaca cómo a lo largo de este período, para meterse en la piel de los neonazis, empezó a desarrollar el culto al cuerpo, decoró su apartamento con fotos de Hitler, cruces gamadas o emblemas del III Reich, y escuchó música como el Cara al sol o Estirpe Imperial. El periodista se infiltra en el grupo Ultra Sur, para demostrar la filiación de jóvenes neonazis con partidos de ultraderecha.

El segundo libro trata la esclavitud sexual, y mediante sus negociaciones consigue grabar, entre otras cosas, la compra de unas niñas vírgenes para su explotación sexual en España. Denuncia la esclavitud sexual y el tráfico de mujeres que sigue existiendo en cualquier país al que vayamos. Lo más logrado de esta novela es relatar de una manera real y certera las atrocidades que se esconden detrás de este mundo y conseguir con este trabajo detener a Prince Sunny o mandar a su país al narcotraficante Mario Torres Torres, entre otras cosas.

Ambos libros son un continuo relato de cada paso que da el periodista, sus infiltraciones, el trabajo previo de investigación y preparación y las adversidades a las que se enfrenta constantemente. Sus obras son una denuncia social.

Las crónicas de Antonio Salas, son el trabajo que realiza un buen periodista de investigación porque documenta cada paso que da y cada descubrimiento que hace, argumentando así todos los entresijos que va resolviendo y sacando a la luz. Al final de El año que trafiqué con mujeres hay un anexo documental con varios de los documentos que desarticulan negocios de esclavitud sexual, los contratos que les obligan a firmar a las niñas y mujeres que explotan, informes médicos de las agresiones que sufren por los clientes, e infinidad de documentos más que respaldan su investigación y el relato que se plasma en este libro. Al igual que en Diario de un skin donde a lo largo de la obra encontramos documentos que demuestran la falsificación de entradas con las que este grupo acude a los partidos de su equipo, incluye conversaciones con altos cargos que blanquean dinero, y también, relata hechos y presenta pruebas de las agresiones que llevan a cabo los neonazis contra personas extranjeras, homosexuales etc.

Desde el punto de vista periodístico, sus novelas son muy completas porque no incluye un único relato que nos cuente lo sucedido sin darnos argumentos o pruebas. Para llegar al lector y concienciar a las personas de que, en el caso de El año que trafiqué con mujeres, existe un negocio que hay que erradicar, y en el caso de su obra Diario de un skin existen grupos de neonazis que realizan acciones ilegales sin repercusión judicial, el periodista, muestra cada detalle de la oscuridad y barbarie que rodea a ambos mundos.

Todo esto es necesario para hacer este tipo de denuncias sociales, teniendo en cuenta que hay que mostrar los aspectos más duros y desagradables que las víctimas han llegado a experimentar y que, sin lugar a dudas, los culpables, en el primer caso los consumidores, no sólo sus captores y explotadores, desconocen o no quieren conocer; y en el segundo caso, los neonazis, esta vez conocedores de los hechos y las agresiones que propician, quedan impunes en la mayor parte de los casos.

En general, son dos novelas que por la gran cantidad de documentación que aportan, la certeza del relato y la realidad con la que se retransmite esta gran denuncia social, por un lado, acerca de la esclavitud sexual, y por otro, la filiación de jóvenes neonazis con partidos de ultraderecha, tienen la capacidad de llegar al lector y convencerle de que la historia es real, está sucediendo y en caso de que seas partícipe de alguno de estos mundos te replantees si quieres seguir siéndolo.

En el interior de ambas crónicas hay miedo, dolor, injusticia, poder, asesinatos, sexo y dinero; la manera de documentar, informar y transmitir cada aspecto de la investigación y los descubrimientos hacen que el lector sienta que está presenciando y viviendo cada hecho que se relata, y esto también forma parte de un buen periodista. Lo que caracteriza cada una de las novelas que ha publicado Antonio Salas es la franqueza con la que el autor, él mismo, acepta ser examinado por el lector e implícitamente incluso se deja menospreciar y odiar por su audiencia, al narrar un relato autobiográfico y ser él quien se convierta, en el primer caso en un neonazi, y en el segundo, en un traficante de mujeres.

En definitiva, sus obras son trabajos de gran valor que transmiten y enseñan al lector en cada hoja lo que se esconde detrás de las denuncias sociales que él realiza. Leer las obras de Antonio Salas ayuda a comprender que no cualquiera puede hacer buen periodismo encubierto y que es un trabajo que requiere implicación física y mental, dedicación, entrega, formación y valor.

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