Necesitamos, necesitamos a personas, necesitamos afecto, necesitamos sentirnos necesarios. Hay quien dice que necesitamos lo que no tenemos, otros muchos dicen que lo que tenemos no lo necesitamos. Con este artículo, trataré de dar algunas pequeñas pinceladas a cerca de este tema. Pónganse cómodos que comenzamos.

Es obvio que todos tenemos una serie de necesidades, según la teoría predominante en la economía, dichas necesidades son infinitas, y para corroborar tal afirmación hablad con algún colega de marketing e investigación de mercados. Sin embargo cabe cuestionarse -Y sería de todo punto lícito y acertado hacerlo- si las necesidades son realmente infinitas. Mi opinión, y como estoy aquí para opinar, es que no, las necesidades son finitas.

No me gustaría entrar en tecnicismos pero sería necesario diferenciar en satisfactores y necesidades. Una necesidad puede ser la del transporte, un satisfactor en este caso sería un coche de gama alta o una bicicleta. Vivimos por suerte o por desgracia, a gusto del lector, en una sociedad de corte capitalista, y en esta sociedad, al menos en términos de capital, no es lo mismo tener un Ferrari que tener una bicicleta. Ambos medios de trasporte cubren la necesidad de desplazarse, sin embargo todos podemos estar de acuerdo, y por diferentes razones, que no es lo mismo tener un Ferrari que tener una bicicleta. ¿Realmente necesitamos un Ferrari? Un Ferrari no es una necesidad, es un claro ejemplo de satisfactor que comparado con una bicicleta, nos genera mayor comodidad, refleja un determinado estatus social y otras chorradas similares.

¿Realmente necesitamos redes sociales? Mis abuelos por ejemplo han vivido sin Facebook, y no han tenido nunca la necesidad de tenerlo. Mis abuelos no han tenido la necesidad de hacer el payaso a través de “Musical.ly”. Los hábitos de consumo, la renta y el contexto de mis abuelos son diferentes a los de mi generación, pero nunca está de más aprender de gente sabia. Para entender este artículo hemos de entender primero que algunas necesidades se crean únicamente por intereses comerciales, y ahora estudiaremos si esas necesidades ficticias, generan progreso o involución, a la vez que incorporamos al asunto, el mercado de trabajo.

Los seres humanos tenemos la necesidad de la alimentación, tenemos la necesidad de los cuidados, la necesidad de mantener una determinada temperatura humana, ya que el ser humano es caprichoso y tiene el instinto de sobrevivir. El ser humano se divierte viendo un partido de fútbol, el ser humano compra dispositivos móviles para disfrutar de infinitas aplicaciones, para comunicarse con el resto de personas. Relacionemos estos conceptos con el mercado laboral, cabe preguntarse cuánto cobra quien nos provee de alimentación y de abrigo y cuánto cobra el futbolista o el directivo de Apple, no quiero hablar de otras compañías no siendo que en unos años me despidan del trabajo. Bromas o no aparte, habría que preguntarse qué es el trabajo.

Solo requiere medio minuto de reflexión, es tremendamente paradójico que quien mueva el mundo a través de su puesto de trabajo, sean aquellas personas con los peores salarios. Una agricultora, un limpiador, un cuidador de ancianas, las amas, en su mayoría amas, de casa, presentan unos salarios tremendamente bajos en relación con la función vital y esencial que desempeñan. Por cierto, lean en esta revista cuestiones de feminismo, interésense por el tema, coño.

Sin embargo, bajo la frase “es el mercado” observamos que profesiones como la de delantero del Real Madrid reciben una retribución abismal, también vemos como los directivos de grandes compañías ganan ingentes cantidades de dinero y a nadie parece preocuparle. La lógica del mercado es compleja, y desde una perspectiva liberal, intentar intervenir en el mercado laboral es un atentado contra los principios del libre comercio, además de la posible generación de rigideces el mercado y la aparición de desempleo.

Realmente a mí no me importaría que un directivo fuese millonario, siempre y cuando las personas que hacen posible el desarrollo de su vida, tengan unas condiciones salariales dignas.

En el sistema capitalista siempre habrá disparidades en el nivel de renta, es lógico, ningún empresario invertiría su fortuna, ni loco arriesgaría su patrimonio, para recibir como contraprestación el mismo montante que recibe su empleado. Hay quien piensa que el estado debería ocupar la figura del empresario, y constituir monopolios. Por escasez de espacio no voy a refutar paso por paso esta tesis, pero si este articulo cala hondo en vuestras mentes no tendría problema en hablar de economías planificadas.

Para ir acabando con este totum revolutum de ideas, os voy a hacer elegir, podéis o bien legitimar el modo en el que funciona el sistema laboral bajo la órbita capitalista, o bien podéis luchar contra este sinsentido arriesgándoos a perder propiedades, libertades e incluso derechos. Es algo tremendamente complejo, pero la vida también lo es y aquí seguimos, yo escribiendo y ustedes leyendo. Como de costumbre es un placer como satisfactor, satisfacer sus necesidades de ofuscación.  

 

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