Escribe con sentimiento.
Con corazón.
Escribe y llora,
para que te vanaglorien,
por tu orgullo y dignidad.
Dale vida a tus pensamientos,
moldéalos sobre el papel.
Sé el alfarero de tus pensamientos.
Escribe para los que aún no te conocen.
Para ayudar.
Para sentir.

Porque la escritura
es la botella de whiskey
en la que se ahogan penas,
la lágrima que brota
cuando se va el tren,
la rabia de un enamorado,
la felicidad de un soñador,
la inconsciencia de un sonámbulo,
la inocencia de un niño,
el arrepentimiento de un anciano,
el beso que esconde una mirada,
el cariño que acoge una despedida,
la piedra con la que tropiezas,
el mensaje de una servilleta de bar,
la primera noche en vela,
la última también,
el primer llanto,
el último suspiro,
la pena de la muerte,
la alegría de un reencuentro,
la suerte de ser,
la infortuna de perecer
y el cariño a uno mismo.

Cuando el verso besa el alma,
se deja enamorar,
apasionadamente,
como se debe escribir.

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