La noche del sábado al domingo se celebró en Sevilla la gala de los Goya, “la fiesta del cine español”. Este año la presentación corrió a cargo de Silvia Abril y Andreu Buenafuente, un trabajo que suele ser más bien engorroso por la apatía del público y la excesiva duración de la gala. Porque sí, la gala de los Goya, como los Oscars, dura mucho, muchísimo, pero lo que es más molesto que la duración es la actitud de los invitados. Muchos de los actores parecen estar allí por obligación, los nervios por estar nominado no son excusa para comportarse como si les apuntasen con un arma.

Los presentadores intentan amenizar la velada con todas las herramientas a su alcance, cambios de vestuario, un monólogo bien medido, diversos chistes y alusiones satíricas a los invitados. Vamos a decir que cumplieron, porque la verdad es que resultó en una gala pasable, una de las mejores de los últimos años. Buenafuente aprovechó a sus amigos para replicar el éxito de su Late Motiv, apariciones estelares de Berto, Ignatius y Broncano reforzaron el buen rollo en el escenario.

Como siempre hubo algún que otro momento destacado, es el caso de un comentario de Silvia Abril a Leticia Dolera en el que bromeaba con que ella no iba a ser la más feminista. A Leticia le llueven los atacantes y defensores desde que volviera la polémica de la mano de Ingrid García Jonnson, que rescató la controversia de Leticia Dolera y el despido de una de sus actrices, con su comentario: “Leti, tengo ahí atrás el predictor por si quieres hacerme un casting”. Si no lo conoces voy a resumirlo rápidamente, Leticia, aguerrida feminista autoproclamada defensora de las mujeres y siempre crítica con las diferencias salariales y de contratación entre hombres y mujeres, despidió a una de sus actrices debido a su embarazo.

La decisión, a priori, tenía sentido. Tienes que cumplir unos plazos de entrega de la serie y no es una gran superproducción ni la actriz una indispensable. Pero los problemas son varios, la serie va de feminismo, según declaraciones de la actriz no fue informada adecuadamente y también afirma que conoce soluciones fáciles y económicas para solventar su participación en la serie que ya se han puesto en práctica en otras producciones. Por suerte algunas personalidades ya se han cansado de este feminismo cuqui e hipócrita pero aún quedan algunos, como es el caso de María León, que la siguen defendiendo acusando a Ingrid de hacer un bullying innecesario. En fin, líos de famosos.

Aunque si que hay que decir que la protesta encabezada por Silvia Abril y Belén Cuesta para la equiparación salarial fue lógica, medida y francamente divertida. No es una lección grandilocuente y enrevesada, es una broma que sirve para reflexionar, aunque a algunos se les haya olvidado que el humor también sirve para eso.

Por otra parte nuestros aleccionadores preferidos siguen cargados de hipocresía. Por varias razones, claro. Para empezar, días antes de la gala se reveló el uso de multitud de becarios que no iban a recibir remuneración por sus horas de trabajo, luego piden que no haya piratería y dan la murga con la SGAE. Por otra parte tuvimos, como siempre, peticiones de más fondos y de bajar el IVA cultural, que ya recibió una reducción en julio de 2018, también hay que pedirles a los cines que bajen los precios, que para el espectador no ha supuesto ningún cambio, pillines.

Respecto a los fondos he de decir que deberían aprender de Campeones, que ha conseguido ser un fenómeno de masas con una historia sincera, entretenida y cercana a lo comercial y dejando a un lado esas producciones metafísicas de autor que solo entienden ellos y su corte. Sin duda no puedo dejar de mencionar el discurso que dió Jesús Vidal, actor en la película, que logró, de una forma sencilla, remover algunas conciencias con un lema claro: “los prejuicios son una gran discapacidad”.

Esto han sido, a groso modo, los Goya ahora nos toca a los españoles darle una oportunidad a nuestro cine.

 

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