Isabel de Avís y Trastámara, más conocida como Isabel de Portugal, nació a finales de octubre de 1503 en Lisboa, la capital lusa. Isabel era hija de Manuel I de Portugal y María de Aragón. Manuel I fue rey del país luso desde 1495 a 1521. Por su parte, María de Aragón era la cuarta hija de los Reyes Católicos. Isabel de Portugal era, por lo tanto, nieta de Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón.

María de Aragón había contraído matrimonio con Manuel de Portugal a finales del año 1500. De la unión entre Manuel y María nacieron diez hijos. Isabel fue la segunda. Desde niña recibió una cuidada educación dirigida por su madre. Esta instrucción fue decisiva en su formación intelectual, personal y de carácter. Y todo ello sería determinante tras su matrimonio con Carlos V, momento en el que mejor se aprecia la gran importancia que tuvo la educación recibida.

María de Aragón se preocupó por educar a su hija dentro de la tradición humanística pero sin descuidar, como no podía ser de otra forma en esta época, las enseñanzas religiosas cristiano-católicas. La futura emperatriz del Sacro Imperio Romano Germánico no descuidó nunca la visita a espacios religiosos como los conventos, así como la práctica de actos de caridad. Paralelamente a su formación en las ideas humanísticas y católicas, Isabel también recibió una educación que podríamos denominar “sobre la administración de las cosas”.

María se había criado en la corte de los Reyes Católicos, donde su madre Isabel ejercía como reina activa. La famosa frase “tanto monta, monta tanto, Isabel como Fernando” da una clara idea del compromiso de Isabel de Castilla con los asuntos de gobierno. María de Aragón, tras convertirse en reina de Portugal, siguió una filosofía claramente influida por el comportamiento de su madre: no se limitó a actuar como reina consorte, sino que participó activamente en los asuntos de la corte y el gobierno, llegando incluso en ocasiones a actuar de mediadora entre las coronas portuguesa e hispana.

La reina María tenía la intención de que sus hijas siguieran un camino similar. En el caso de Isabel, María tenía elevados planes para ella y se preocupó especialmente de transmitirle su convicción de que ser reina iba acompañado de toda una serie de responsabilidades, deberes y tareas; la imagen de la reina como monarca consorte destinada a parir hijos herederos fue complementada con la idea de una reina protagonista y activa.

Tras la muerte de María de Aragón en 1517 Isabel, con solo trece años de edad, pudo empezar a poner en práctica todas estas ideas, comenzando con la administración de su propia casa, que su padre el rey Manuel le puso por esta época. Y, es también en este momento, cuando una persona determinante va a entrar en su vida: Leonor de Austria, hermana de Carlos V.

Leonor de Austria era la hija mayor de Felipe “el Hermoso” y Juana “la Loca”. Tras la muerte de María de Aragón, el rey Manuel I se desposó con Leonor. Este matrimonio ejemplifica una vez más los fuertes lazos entre Portugal y la monarquía hispánica. Leonor se trasladó a la Corte portuguesa, donde conoció a Isabel. Ambas mujeres entablaron gran amistad y Leonor transmitió a Isabel la forma de ser de su hermano, como eran él, sus consejeros, su Corte, etc.

Además de los esfuerzos de la corte portuguesa hubo otro personaje que fue clave para que el matrimonio entre Isabel y el emperador se llevara a término. Esta figura no es otra que Leonor de Austria, la hermana de Carlos. La amistad que Leonor había trabado con Isabel durante los años que había residido en Portugal le habían permitido conocer profundamente a la que más tarde se convertiría en emperatriz.

Conociendo el buen partido que Isabel representaba, Leonor medió entre ambas cortes y habló a su hermano de los beneficios que dicha unión reportaría a ambas coronas. Estos beneficios no solo se referían al refuerzo de los lazos entre Portugal y la monarquía hispánica, sino al hecho de que Carlos tendría a su lado una consorte capaz, virtuosa y con aptitudes políticas.

El golpe definitivo que inclinó la balanza a favor del matrimonio entre Carlos e Isabel fue la mediación de Catalina de Austria, la hermana pequeña de Carlos V. En 1525 Catalina contrajo matrimonio con Juan III, el hermano de Isabel que había ocupado el trono portugués tras la muerte Manuel I. Desde la corte portuguesa, Catalina confirmó las buenas destrezas y capacidades que se decía tenía Isabel. Carlos V tomó su decisión en 1525. Finalmente, Isabel y Carlos se casaron en marzo de 1526.

 

Fuentes:

  • JIMÉNEZ ZAMORA, I.: La emperatriz Isabel de Portugal y el gobierno de la monarquía hispánica en tiempos de Carlos V (1526-1539). Madrid, UNED, 2015.  
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