Birdbox cuenta la historia de Malorie, encarnada por Sandra bullok, que tiene que cuidar de dos niños en un mundo post-apocalíptico en el que no se pueden abrir los ojos fuera de casa porque si lo haces básicamente mueres. Durante la película se alterna la situación actual, con Malorie intentando llevar a los niños a un lugar seguro río abajo y una historia en flash back que explica el inicio de este particular apocalipsis. La forma en la que la película está planteada se parece bastante a la niebla de Stephen King o a la más reciente un lugar tranquilo. Pues la primera juega con un exterior peligroso y la segunda con la privación de un sentido y el temor a atraer a unos seres al hacer ruido.

He de decir que, aunque está causando furor y me parece una película entretenida, tampoco creo que sea un referente. En todo momento se juega con la historia personal de la protagonista, una madre madura a la que le gusta vivir sola y que deberá enfrentarse a un bebé, lo que se vuelve más grave con el fin de la civilización. El terror psicológico funciona y da lugar a momentos de tensión e incertidumbre bien conseguidos, además, en general la realización es bastante buena. El problema son los clásicos tópicos de los que se aprovechan para explicar cosas al espectador o generar conflictos. Está el típico friki que da una explicación de lo que está pasando en el minuto 1 porque “el lleva años estudiando fenómenos extraños” o el cascarrabias que es un capullo pero luego no.

En general es entretenida y además ha dado lugar a un reto #BirdBoxChallenge en el que los participantes hacen cosas con los ojos vendados, cosa que desde Netflix han desaconsejado por su clara peligrosidad. En este sentido hay que agradecerle a Netflix que nos haya dado otra herramienta Darwinista que ya cuenta con varios accidentes en su historial.

 

6,5 sobre 10

 

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