La figura de la mujer dentro de Roma presenta una gran evolución. En la época de la Monarquía (753-509 a.C.) era considerada un objeto, una mera propiedad. El camino de la mujer estaba marcado desde su mismo nacimiento: contraer matrimonio y cuidar y educar a los hijos. No obstante, las mujeres en Roma gozaban de más libertad que sus compañeras en Grecia. En Roma era habitual que acudieran a banquetes, a ceremonias públicas… El ideal de mujer romana en esta época lo representa Lucrecia. Esta patricia romana fue violada por Sexto Tarquinio, el hijo del rey Tarquinio el Soberbio. Lucrecia contó lo sucedido a su familia y a su marido, pidió venganza y se suicidó. Esta actitud (suicidio) era entendida como la máxima expresión de virtud. Lucrecia encarna así el prototipo ideal de mujer romana: hiladora, casta y fiel.

En la República (509-27 a.C.) las leyes van a ir poco a poco defendiendo la figura de la mujer. Especialmente hacia finales del período republicano la mujer – y sobre todo la mujer de las capas altas – va a ser mucho más valorada. Cornelia, la madre de los hermanos Graco, encarna esta visión. Tras quedarse viuda el rey de Egipto le propuso matrimonio. Ella le rechazó alegando que tenía dos hijos a los que cuidar y educar. Cornelia ejerció gran influencia en sus hijos y estos, ya adultos, desempeñaron un papel fundamental en la política romana. Cornelia se forjó así la imagen de perfecta matrona romana dedicada al cuidado y educación de su progenie. También cultivó áreas como la literatura o la cultura. Fue la primera mujer a la que se dedicó una escultura en un lugar público.

En época Alto Imperial (27 a.C.-284 d.C.) la historia no puede escribirse sin las mujeres. Durante este período se produjeron importantes avances en multitud de áreas. Por ejemplo, destaca la Lex Iula De Adulteris, mediante la cual el adulterio se convirtió en un delito público. La mujer no podía ser ajusticiada sin ser antes constatado el delito. También destaca la caída en desuso de los matrimonios cum manu y su sustitución por los sine manu. Con ellos, la mujer pudo mantenerse bajo la autoridad de su familia en vez de bajo la de su marido. Asimismo, durante la época Alto Imperial las mujeres podían disponer de sus bienes libremente. Mujeres muy señaladas en esta época son las emperatrices sirias: Julia Mesa, Julia Domna, Julia Mamea y Julia Soemias. Todas ellas ejercieron el poder de forma oficial al lado de sus maridos, hijos y/o hermanos.

Pero, a pesar de todos los avances, el único momento en el que encontramos mujeres verdaderamente protagonistas e independientes es en el Bajo Imperio (284-476 d.C.), y especialmente justo antes de las invasiones bárbaras. Famosa es la figura de Hipatia, que no sería explicable en ningún otro momento. Filósofa, matemática y astrónoma, Hipatia es considera una de las primeras científicas de la historia. Egeria es otro ejemplo de ello. Esta monja de origen hispanorromano es conocida por su viaje voluntario a Tierra Santa. En su camino recorrió lugares como Egipto, Palestina, Constantinopla… y plasmó sus vivencias en el libro Itinerarium ad Loca Sancta. Tanto Hipatia como Egeria hicieron voto de virginidad. También destaca la figura de Gala Placidia. Emperatriz de la parte occidental del Imperio, Gala Placidia protagonizó una intensa labor legislativa durante su regencia. Gobernó en nombre de su hijo hasta la mayoría de edad de este protagonizando un buen gobierno. Con las invasiones bárbaras y la caída del Imperio de occidente (476 d.C.), la figura de la mujer quedó relegada de nuevo.

Fuentes:

Acedo Panal, M. J. «Trabajo de Fin de Grado. La mujer y el poder en Roma». Universidad de Cádiz, 2015.

Álvarez, M. C. & Iglesias R. M. «La mujer en Roma». Universidad de Murcia.

Del Castillo, A. «Legislación romana y liberación femenina: una relación inconsciente», en LVCENTVM. Universidad de Alicante, 1988-89.

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