Hoy en día es muy fácil conocer a alguien a través de internet. Siempre las personas más allegadas a nosotros son contrarias a ello, a que expongamos quienes somos frente a personas que no conocemos. A través de una mísera pantalla, vemos sus mensajes, oímos sus voces, nos llamamos y así mantenemos relaciones de cualquier tipo. Podemos asegurar que hemos conocido a las peores personas que existen, pero también a las mejores.

Nos han engañado con identidades, nos han mentido con respecto a su íntegra vida. Han jurado un “te quiero” sin sentirlo, solo por no asumir sus propios miedos. Miedo al rechazo, miedo a no afrontar una situación o a contar la verdad años después y que me enfadase. Pero conservamos joyas, quizá no tantas como desearíamos, tanto cerca, como a miles de kilómetros; incluso cruzando océanos. Joyas que algún día nos encantaría abrazar. Es cierto que vivir este tipo de experiencia te hace dudar de todo el mundo y querer saber de ellos, de su vida, antes de que te lo cuenten; porque así te ahorrarás un pack completo de mentiras. Genera muchísimo estrés, ansiedad, a la hora de conocer a gente nueva, y te entra un pánico horrible solo de pensar en qué te estarán mintiendo esta vez.

Pero os voy a decir algo, ojo, que puede herir a las personas más sensibles:

En la vida real es exactamente igual, solo que no tienes tantas ventajas. Sí, puede que no te engañen con respecto a su nombre, o aspecto. Pero lo hacen con otras tantas y tantas cosas que tú jamás sabrás. Todo el mundo miente, y da igual el medio por el que lo haga; a fin de cuentas, se resumirá en eso, una mentira.

De hecho, fallan más personas que he conocemos en persona, a las que conocemos a través de un móvil, y os voy a decir por qué: el lenguaje exhibe a la persona. Cómo te expresas tiene mucho significado a la hora de conocer a alguien. Y de forma inconsciente, en la lengua escrita, somos más detallados a la hora de explayarnos con los sentimientos. Irónico, cuando la oral hace que sea evanescente en el tiempo una palabra, y sin embargo la escrita quede para siempre. Muchas veces dicen más las palabras que los hechos.

Porque vemos sonrisas ajenas que abrazamos por última vez sin saberlo de la misma forma que nos despedimos en una conversación sin saber si no habrá más.

El problema no está en el medio por el cual conocemos a una persona; está en cómo es esa persona, en sus miedos y en cómo podemos manejarlo. Si tenemos paciencia, somos francos con lo que queremos y sentimos, y sobre todo, con lo que somos, no habrá margen de error. El problema, es lo que callamos; y siempre lo ha sido.

El problema, es que hemos aprendido a mirar a alguien a los ojos y mentirle.

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