El pasado 12 de noviembre sucedió un curioso evento en Los Ángeles, unos operarios retiraron una estatua de Cristóbal Colón de uno de los parques de la ciudad. La estatua llevaba 43 años en el parque, desde que una asociación de italoamericanos se la regalase a la ciudad para conmemorar el origen italiano del explorador. Las reacciones han sido variadas, desde el gobierno de España y su representante en EEUU no han salido comentarios pero algunas figuras como el académico Pérez Reverte se han pronunciado en contra de la medida.

La cuestión es que no es la primera vez que la figura de Colón está bajo lupa. En 2016 el ayuntamiento de Barcelona, dirigido por Ada Colau, sugirió que iban a retirar la emblemática estatua de Colón de su pedestal en el Monasterio de La Rábida. La idea venía desde la CUP, que  pedía al gobierno de Colau que se retirara la efigie por considerarla una forma de enaltecer la esclavitud y el colonialismo. Finalmente dieron para atrás pero el germen de esta idea quedó ahí.

Y no sería hasta el 31 de enero de este mismo año, cuando el Ayuntamiento de San José (California) retiró la estatua del explorador del edificio del ayuntamiento. Según el alcalde la decisión fue consensuada y muy debatida, una forma suave de explicar lo que otras alcaldías tachan de oda al colonialismo y al exterminio de los indígenas. La veda quedó abierta, a lo largo de todo el continente americano varias formaciones políticas se hicieron la misma pregunta, Cristobal Colón ¿Ilustre explorador o cruel colonizador?. En La Paz, Bolivia, han aparecido pintadas en la estatua de la ciudad en contra del considerado “asesino” o “invasor”.  Por suerte las cosas no suelen ser ni blancas ni negras, casi todo es gris.

Que en 1492 Colón descubrió América a bordo de la Santa María, la Pinta y la Niña es un hecho mundialmente conocido pero su historia completa no está tan difundida. Además del primer viaje Colón realizó otros 3 viajes para continuar con la exploración de las “Indias Occidentales”. El primero fue inmediatamente después de su regreso a España duró 3 años, hasta 1496, en el pasó por los actuales Cuba, Jamaica, Puerto Rico y fundó la ciudad de La Isabela. Pero su viaje se vió interrumpido por las acusaciones a las que se tuvo que enfrentar por su gobierno de La Española.

En el tercer viaje, entre 1498 y 1500, descubrió Trinidad y llegó hasta la desembocadura del río Orinoco; pero la situación  en La Española se volvió insostenible y, tras una sublevación, fue apresado y enviado como prisionero a España. Tras este traspiés fue juzgado y rehabilitado pero se limitaron sus anteriores poderes, eliminando su poder virreinal.

Finalmente emprendió un cuarto viaje en 1502 con prohibición de acercarse a La Española, debido a esto se centró en centroamérica. En este último viaje descubrió lo que actualmente es Honduras, Nicaragua, Costa Rica y Panamá. Tras su regreso a España en 1504 dedicó el resto de su vida a intentar recuperar sus privilegios para él y sus descendientes sin conseguir nada en una época convulsa en la que los Reyes Católicos comenzaban a ser conscientes de lo importante que era el descubrimiento.

Murió en Valladolid en 1506, aunque se ha popularizado la idea de que murió pobre la realidad es que era millonario, con una renta anual de 8.000 maravedíes, una fortuna para la época. Su relación con los indígenas no fue diferente de los exploradores de la época, que al ver la superioridad con la que contaban optaron por la conquista fácil de esa rica tierra.  

En mi opinión esta corriente de pensamiento ha llegado demasiado lejos, eliminar un pedazo de piedra para apaciguar la conciencia no es ni adecuado ni suficiente. Muchas formaciones han hecho de su punta de lanza las reivindicaciones históricas y más allá de los que se burlan de los norteamericanos por extender la leyenda negra española, cuando ellos mismos exterminaron a muchos pueblos indios, hay que ser conscientes del momento histórico. El error es plantear el pasado desde el prisma de la moral actual. Ni los indígenas eran angelitos desvalidos ni los conquistadores y descubridores unos seres sedientos de sangre.

La realidad es, como antes dije, gris, y si decidimos repasar todos los eventos de la antigüedad nos daremos cuenta de que los personajes a los que admiramos tenían su lado oscuro que no se adaptaría a los tiempos de hoy, cosa que era de esperar.

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