El Reino de Imerina o Reino de Merina fue un estado africano que dominó gran parte de la isla de Madagascar desde, aproximadamente, 1540 a 1895.  Ralambo, considerado primer rey de Imerina, fue quien sentó las bases del reino. Económicamente, Merina destacaba por el cultivo de arroz y el uso de técnicas de irrigación. Ese cultivo de arroz permitió al reino expandirse y dominar a otros pueblos, hasta llegar a controlar gran parte de la isla africana de Madagascar.

El desarrollo de Madagascar está marcado – dada su prolongación en el tiempo – por este dominio del reino de Merina. La historia dorada de este reino comienza a finales del siglo XVIII-principios del XIX, cuando un nuevo rey llegó al poder. Este monarca adoptó el nombre de Andrianampoinimerina y pronto comenzó a ser conocido como Nampiona. El régimen político que instaló contenía rasgos del socialismo totalitario. Su reinado también se caracterizó por la búsqueda de la unidad en sus territorios.

Tras la muerte de Nampiona su hijo Radama le sucedió en el trono. Radama I (1810-1828) continuó con la política de unidad territorial y se convirtió en un rey muy poderoso. La época en la que le tocó reinar coincidió con el colonialismo europeo. Radama mantuvo contactos muy intensos con los ingleses. Ejemplo de ello es que a comienzos del siglo XIX se selló un tratado comercial entre los ingleses y Radama y, más tarde, los primeros reconocieron al segundo como el rey de Madagascar. Este reconocimiento llevó a Radama a afirmarse aún más en su idea de expandir sus dominios. La reforma del ejército le permitió obtener victorias muy significativas. Mientras tanto, los franceses intentaban asentarse en ciertas zonas de la isla, pero poco pudieron hacer frente al poderío de Radama.

El territorio que pasó a controlar Radama era inmenso (más de 2/3 de la isla). Esto permitió que los intercambios comerciales con los europeos fluyeran aún mejor. También se produjo una difusión de las ideas occidentales a través de los misioneros británicos, entre ellas el cristianismo. Los valores europeos influyeron al rey. Estaba Radama especialmente interesado en los avances técnicos y materiales y dispuso diversas medidas para expandir por su reino técnicas, métodos y herramientas modernas. Finalmente, Radama murió en 1828. Tras su muerte, su figura adquirió tintes legendarios.

Tras el fallecimiento del rey, su esposa, Ranavalona, se hizo con el poder (1828-1861) gracias al apoyo de la plutocracia tradicionalista de la isla. Pronto se rompieron los acuerdos y la colaboración con los ingleses. Asimismo, se persiguió a los cristianos (se entendía que representaba una amenaza contra las tradiciones y, por extensión, contra la monarquía, pues estas eran la base del poder monárquico). Pero las altas esferas del reino estaban acostumbradas a ciertos productos que debían ser importados (azúcar, alcohol…). También se necesitaban armas de fuego. Ranavalona permitió los intercambios con los extranjeros solo en tales ocasiones. Los extranjeros también pudieron permanecer en la isla para trabajar o dirigir la creación de industrias.

Tras la muerte de Ranavalona en 1861 subió al trono su hijo Rakoto (Radama II), quien se mostraba entusiasmado con los avances europeos y quería implantarlos en el reino lo más rápido posible. Lo hizo sin tacto alguno y no tuvo en cuenta los recelos de mucha gente. Demasiados cambios en muy poco tiempo. Muchas de sus medidas trajeron como consecuencia la pérdida de poder real y la mayor presencia de ingleses y franceses en la isla. El malestar entre la población local, y especialmente entre la oligarquía malgache, era claramente palpable. Radama II fue estrangulado en 1863.

Su esposa, Rasoherina, fue nombrada reina, pero en la práctica el poder pasó a las manos del primer ministro, Rainilaiarivony. El mandato de Rainilaiarivony fue exitoso y se extendió hasta 1895 (momento en que los franceses conquistaron Madagascar). Su éxito se debió a su capacidad para acabar con sus rivales, sus acuerdos con los ingleses, su conversión al cristianismo (algo que no se produjo en el grueso de la población), su apuesta por una modernización progresiva… El reino de Merina continuó expandiéndose durante este periodo, tanto hacia el oeste como hacia el sur.

Los primeros intentos de colonizar Madagascar se remontan en el siglo XVI, pero todos ellos fueron un fracaso pese a los esfuerzos continuados de los europeos. Pero el trato y el comercio continuo con los occidentales produjo cambios en la isla. Por ejemplo, Madagascar se convirtió en un importante proveedor en el comercio marítimo de esclavos. Otros cambios fueron la instauración del cristianismo como la religión oficial y el establecimiento de la obligatoriedad de la educación primaria.

Como hemos mencionado, a finales del siglo XIX el imperialismo estaba en pleno auge. Las potencias europeas se estaban repartiendo Asia y África y así, en 1883, los franceses tomaron Mahajanga (en la costa noroeste de Madagascar), Toamasina (en la costa este) y la Bahía Diego Suarez (en el norte). La guerra parecía inevitable. Pero los franceses tenían dificultades para avanzar por la isla. En 1885 se firmó un tratado entre malgaches y franceses para el cese de las hostilidades. El documento contenía importantes concesiones a Francia.

Pero los franceses no se contentaron. Aspiraban a convertir Madagascar en un protectorado para explotar económicamente los recursos que la isla ofrecía. El ejército malgache contaba con escasa equipación, entre otros problemas (falta de unidad nacional, el descontento creciente hacia Rainilaiarivony…). El 12 de diciembre los franceses tomaron Toamasina y el 15 de enero de 1895 hicieron lo propio con Mahajanga. Luego, se inició la campaña de Antananarivo (la capital). Tras mucho esfuerzo, los franceses tomaron la ciudad el 30 de septiembre de 1895. Al día siguiente, 1 de octubre, se firmó un tratado por el cual quedaba establecido el Protectorado francés de Madagascar. El Reino de Imerina, como Estado independiente, dejó de existir.

 

Bibliografía:

  • DESCHAMPS, H. “Tradition and change in Madagascar, 1790-1870 “. En: FLINT, J.E. (ed). The Cambridge History of Africa Volume 5 from c. 1790 to c. 1870. 7ª edición. Reino Unido: Cambridge University Press, 2004, pp. 393-417.

 

  • DESCHAMPS, H. “Madagascar and France, 1870-1905”. En: OLIVER, R. y SANDERSON G.N. (ed). The Cambridge History of Africa Volume 6 from c. 1870 to c. 1905. 6ª edición. Reino Unido: Cambridge University Press, 2004, pp. 521-538.
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