En los Juegos Olímpicos de Atenas en 1896 se introduce como deporte la esgrima deportiva, llamada así para diferenciarse de la histórica, concebida para matar al contrincante. Cuatro países se disputan el origen de este deporte, Italia, Francia, Alemania y España, aunque España se postula generalmente como vencedora, pues es país de origen de la espada ropera, arma caballeresca que resurge en toda Europa durante el Renacimiento.

La historia de la esgrima moderna surge en el s.XV, con la introducción de las armas de fuego, las armaduras pierden sentido y van desapareciendo, dando paso a espadas más ligeras y manejables. Es también en esta época cuando es habitual ir armado y batirse en duelo por cuestiones de honor, popularizando la enseñanza de la esgrima. Conforme se prohibieron los duelos y desaparecían las espadas del campo de batalla, las 3 ramas de la esgrima evolucionaron paralelamente:

Florete:

Desarrollado en el s.XVII como arma para entrenamiento. Es un arma ligera y flexible que requiere de gran habilidad y coordinación dada la velocidad a la que se suceden los ataques. En esta disciplina se puntúa consiguiendo golpear el torso del contrincante con la punta roma del florete.

Espada:

Deriva del espadín francés, que a su vez deriva de la espada ropera, siendo uno de los combates más realistas porque se asemeja a los duelos clásicos. Más pesada y rígida que el florete, permite atacar todo el cuerpo, puntuando los tocados dobles.

Sable:

Deriva de los usados por la caballería en las cargas, los combates son los que exigen mejor forma física para mantener el nivel de agilidad que exige la competición. En esta modalidad se puntúa en ataques al torso, cabeza y brazos.

 

La curiosidad es que aunque procede de España solo un español ha ganado una medalla en los Juegos Olímpicos y fue José Luis Abajo “Pirri”, que obtuvo un bronce en Pekín 2008.

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