Andrew es un joven introvertidos con problemas en casa, para desahogarse hace vídeos de las cosas que le pasan tanto en el instituto como en casa. Después de una fiesta descubre junto con su primo Matt y Steve, un chico popular que es el representante de los alumnos, una sustancia que les confiere poderes telequinéticos. Poco a poco explorarán sus capacidades y su relación se irá estrechando mientras continúan con sus complicadas vidas.

El filme explora la realidad de lo que pasaría si cualquier adolescente consiguiese poderes, ahondando en las relaciones de amistad en la juventud. Aunque Andrew es el prototipo de joven con una familia desestructurada, padre alcohólico y madre con cáncer, consiguen darle algo más de profundidad al personaje. Sus dos amigos también son un poco típicos pero las historias para dar lugar a una película entretenida cuyas subtramas no aguantan más de 10 minutos de metraje, cosa que se agradece. La cámara al hombro está utilizada con bastante acierto, aunque los poderes dan lugar a planos que no podrían ocurrir en una película clásica de primera persona y los efectos especiales, aunque han envejecido mal, dan el pego. En conjunto resulta una película de superhéroes diferente, más dramática y alejada de las épicas de masas.

 

 

7,5 sobre 10

 

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