La noche del 12 al 13 de septiembre el capitán general de Cataluña, Miguel Primo de Rivera, proclamó el estado de guerra y sacó a los militares a la calle para tomar el control de los principales edificios de las ciudades catalanas. Al mismo tiempo ocurría lo mismo en Zaragoza y Huesca. Una vez asegurada Cataluña, Primo de Rivera manda un comunicado a la prensa, su “Manifiesto al País y al Ejército español”, en el que anunciaba la formación de un Directorio Inspector Militar para gobernar con el beneplácito del rey.

Durante la madrugada el ministro de la Guerra, el general Aizpuru, telegrafió a Primo de Rivera y tras una corta discusión este cortó las comunicaciones, declarándose en rebeldía. Posteriormente contactó con el resto de capitanes generales excepto con el de Madrid y todos ellos aceptaron unirse al golpe excepto el de Valencia, el general Zabalza, que aunque no apoyaba al gobierno, temía que afectase negativamente a la corona.

El rey se encontraba en San Sebastián, su residencia de veraneo, desde donde contactó con los mandos del ejército y los capitanes generales de las provincias para asegurarse su lealtad. La respuesta fue unánime, el ejército haría lo que ordenase el rey. Ese día el único contacto que tuvo con Primo de Rivera fue un telegrama para pedirle que mantuviera el orden en Barcelona. Mientras, los políticos liberales en el gobierno, esperaban una salida negociada, pues todos los intentos de sofocar la rebelión directamente se veían entorpecidos por la ausencia de órdenes del monarca.

El día 14 de septiembre el rey volvió a Madrid y se entrevistó con miembros del gobierno y políticos notables como Antonio Maura o José Sánchez Guerra. El monarca dudaba si darle el poder al militar sublevado pero fue aconsejado por varios políticos de que cediera. A falta de una resolución, Primo de Rivera envió un telegrama a palacio en el que decía que, si no se alcanzaba una solución pronto, el alzamiento tomaría un carácter sangriento. Todo estaba en manos del rey, que a la una del mediodía comunicó a la nación que otorgaba el poder a Primo de Rivera.

AL día siguiente, 15 de septiembre, el futuro dictador viajó a Madrid y se reunió con la cúpula militar en el Palacio de Oriente donde les comunicó que pretendía instaurar una dictadura militar en su persona, en vez de un gobierno civil, que es lo que se venía haciendo durante todo el siglo pasado. El rey nombra a Primo de Rivera Jefe del Gobierno y Presidente del Directorio militar, dando inicio a  casi 7 años de dictadura que cambiarían nuestro país e influirían en el futuro cercano.

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