Así describe el sentimiento que le invadió durante su experiencia. En este artículo, realicé una entrevista a una persona que sufrió bullying, abusos desde su infancia, maltrato y fue captada en la prostitución debido a, como ella misma lo describe, la vulnerabilidad que sufrió de la cual se aprovechó el sistema prostitucional. Una realidad de la que no fue nada sencillo escapar.

 

Entrevistadora: ¿Podría decir qué significa el abuso infantil ? ¿Cree que hay relación entre el abuso infantil y la educación que se ha recibido, lo que se ve día a día en nuestro entorno (ya sea familiar, escolar…), o más bien a una patología?

Ámbar: El abuso infantil es una manera incorrecta de nombrarlo, es “abuso a la infancia”. El abuso sexual en la infancia es aquel en que un adulto satisface su deseo sexual con una niña o niño. Es la conducta en la que una niña o niño es utilizado como objeto sexual por parte de una persona con la que mantiene una relación asimétrica, de desigualdad, con respecto a la edad, la madurez y el poder. Incluye violación, tocamientos, exhibicionismo, obligación al visionado de pornografía, relaciones sexuales o participar en las mismas, etc. Como dato importante remarcar que la mayoría de los abusos sexuales en la infancia, un 80% se dan dentro del ámbito familiar o entorno cercano de la niña o niño.

Creo que la mayoría de los abusadores han sido víctimas de abusos en su infancia, pero quiero matizar que NO TODAS las víctimas de abusos se convierten en abusadores, ni mucho menos. De hecho, son una minoría los que acaban repitiendo y cometiendo esos abusos en otras niñas o niños. Las victimas tenemos diversas secuelas, diversas consecuencias en nuestras vidas derivadas de esos abusos, pero repito, no es una condiciónsine qua non seguir abusando después de otros.  


E: ¿Puede explicar qué es el abuso femenino y la prostitución, basándolo en su experiencia? ¿A qué cree que se debe?  

Á: El abuso femenino es el abuso sexual, físico y psicológico que se ejerce contra la mujer. La prostitución para mí y bajo mi experiencia es una esclavitud para la mujer, la compraventa de su cuerpo y de su sexualidad y de su sumisión, creada por una educación y estructura social machista y retrograda que sigue perpetuándose a día de hoy alimentada y mantenida por todos los que sustentan, componen y se benefician de la espiral prostitucional. En mi caso y en otros muchos es una consecuencia de diversas vulnerabilidades que te condicionan o empujan a acabar en ella.


E: En la experiencia que, por desgracia, muchas mujeres habéis vivido y viven, ¿podría decir cuál es el peor sentimiento que le alberga? Tanto antes, como durante y después.

Á: El peor sentimiento que me alberga es dolor y mucha soledad. Más que el dolor físico, que por descontado y dadas las circunstancias es inevitable muchas veces, es el dolor emocional el que más recuerdo y el que perdura incluso después de haber podido abandonar hace años esa espiral prostituyente. La soledad es brutal. Ya no es solo la soledad de la que venias antes de acabar en las redes de los proxenetas, de la prostitución, es esa soledad inicial añadida, sumada a la que se va creando cuando estás en todo ello. Es la soledad que sigues sintiendo cuando, si con suerte consigues salir, no encuentras ayudas de ningún tipo para reinsertarte a la sociedad, reconstruirte a ti misma, con estrés-postraumático que te condiciona y un estigma en tu vida y sobre todo en tu cabeza que pesa como una losa.



E: Socialmente, muchas personas se preguntan que entonces, si se sufre y no se quiere hacer, por qué se hace. ¿Qué respuesta le daría para que entiendan la realidad de la situación? 

Á: Les diría que imaginen unas cadenas invisibles. No se ven, no son físicas, no son de hierro, pero están ahí. Como la fábula del elefante que no está atado a nada pero sigue sin moverse del sitio porque ha pasado tanto tiempo encadenado que su cerebro se lo impide. Pudiendo huir no lo hace y sigue sintiéndose encadenado. 
Esa es la clave, que en su mente el sigue sintiendo esa cadena. 

En mi caso, yo siempre hablo de mi situación en concreto, aunque también era la de todas las compañeras que conocí y es la de muchas mujeres, mis condicionantes traumáticos previos y la vulnerabilidad física, psicológica y emocional en la que me dejaron, fueron esas cadenas invisibles. El abuso sexual en mi infancia, en mi propia casa, perpetrado por mi abuelo con el que vivía, con la complicidad de mi abuela que lo silenció, junto al maltrato psicológico por parte del resto de mi familia con el que fui creciendo, propiciaron que me fuera de casa a los 18 años recién cumplidos. Me dejaron sin herramientas psicológicas y me crearon una indefensión aprendida brutal, una situación de vulnerabilidad que obviamente, fue aprovechada por los proxenetas para explotarme sexualmente. 
Esas vulnerabilidades, esos condicionantes previos eran mis cadenas, fueron las cadenas invisibles por las que me mantenía anclada, por las que no podía escapar de esa espiral. 

No es tan sencillo como decir: “podías haberte ido, intentado escapar”. Visto desde fuera, con un crecimiento personal emocionalmente fuerte y sano parece muy sencillo, pero cuando las historias son como las mías o similares, te aseguro que es muy difícil esquivar o bien unas o bien otras, las situaciones abusivas y de violencia que te vas encontrando y de las que no puedes ni sabes defenderte porque, como he dicho antes, te dejaron sin herramientas para hacerlo. 

Y no te reconoces como víctima ni estando explotada sexualmente, porque crees que es tu libre elección, porque así es más fácil, inconscientemente soportarlo. Y te pasa factura en tu vida, sobre todo psicológicamente, porque te engañas a ti misma pero no a tu cuerpo y en mi caso desarrollé anorexia y bulimia severas, intentos de suicidio, adicción a la cocaína que por suerte solo duró un corto periodo de tiempo, depresión, sufrí violencia de género por parte de parejas que tenía. Te engañas a ti misma, sí, pero a la larga la realidad sale a la superficie y te explota en la cara.


E: Imagine que le está leyendo una persona que ha atravesado lo mismo o similar, ya sea en el aspecto de bullying, en el abuso sexual y cómo se sintió tanto consigo misma y su cuerpo, o la prostitución, ¿Cuál es el consejo o advertencia que querría darle?  

Á: Es complicado porque cada persona tiene un proceso, viene de unas circunstancias diversas y distintas que son las que crean esos condicionantes, esas cadenas o esa indefensión. Pienso que no hay un consejo válido porque como digo, sé muy bien por mí misma y por otras víctimas de todas estas situaciones que comentas, que a pesar de ser las mismas en su origen después se bifurcan y moldean en relación al entorno y apoyo familiar existente o no, al apoyo social existente o no, a la propia fortaleza interna de la persona. 

Son tantas variables las que entran en juego que no hay ni un consejo ni una advertencia valida porque no dependerá nunca de un simple “debería hacer o haber hecho esto o debería haber evitado o evitar aquello” sino de una combinación de factores, que la mayor parte de las veces, no dependen tanto de nosotros como de las circunstancias. Añadir quizá como consejo intentar en la medida que se pueda, alejarse de “lo y los” que te dañan es fundamental. En mi caso, lo que más me ha ayudado a recomponer mi vida, a reconstruirme a mí misma, hace años escapar del sistema prostitucional y hace menos el romper con esa familia de origen donde empezó, siendo niña, todo mi declive y hundimiento emocional, personal y psicológico. Buscar ayuda, si ello es posible y se da la opción, hablarlo con alguien de confianza familiar, amiga/o, denunciar a la policía, hablarlo en el colegio, con la familia (si no es esta la causante en el caso de abusos sexuales). No es fácil porque como digo es una combinación de factores circunstanciales y personales los que se reúnen para actuar de una manera u o de otra o tomar una decisión u otra. 


E: Partiendo de la base de que se ocultan muchos datos sobre abusos, que se tapan historias y se anulan verdades de víctimas, ¿Considera que si hubiera una mayor visibilización de lo que realmente pasa y de los sentimientos que se pueden llegar a tener, se eliminaría o disminuiría el número de abusos y proxenetas? ¿O que aun sabiéndolo, se haría lo imposible por encubrirlo y seguir en una sociedad completamente  ciega?

Á: Considero que a mayor visibilización,mayor concienciación. La visibilización de la existencia de los abusos sexuales en la infancia, de sus secuelas, de las consecuencias que tienen en la vida de quien los sufre es fundamental. Tengo una frase mía que siempre comparto en todos mis escritos de mi primer blog Abusos en la infancia, ¿por qué?: “Cada abuso que evitamos, son muchas vidas que salvamos” y es así. Es imprescindible visibilizar a la sociedad que los abusos existen, que ocurren con más frecuencia y más cerca de lo que se quiere creer. Que dejan secuelas y consecuencias importantes que deben conocerse para precisamente poder prevenir esos abusos, poder entender comportamientos silenciosos, que no invisibles, de las víctimas y poder ayudar a paliar sus efectos. Se requiere de mayor atención profesional especializada para víctimas y supervivientes de abusos en la infancia, de trata y prostitución. Hace falta más visibilización en los medios de comunicación, prevención en los centros educativos desde la primera infancia acerca de este tema dirigidas a los alumnos, profesores y familias. Aunque sea solo un niño o niña el que se sentía identificado en un video, en una charla, etc, ya es una vida que posiblemente se está salvando de esas secuelas y consecuencias derivadas de los abusos. 

En cuanto al proxenetismo sé por experiencia propia y ajena que le benefician, que buscan, estas niñas, estas chicas, estas mujeres vulnerables, traumatizadas, con una indefensión aprendida ya desde sus infancias. Esa indefensión, esas pocas herramientas que te dejan esos actos de violencia sexual cometidos contra tu persona desde niña son las que te impiden muchas veces defenderte, rebelarte contra las situaciones abusivas y de violencia que te vas encontrando después. Lo que obviamente facilita en muchos casos ser captada por el sistema prostitucional.

La mayoría de familias, no todas, pero si una gran mayoría, son las principales encubridoras de los abusos sexuales que en ella suceden si se da el caso. Mantienen una ley del silencio, de silenciamiento hacia la víctima y de hermetismo. Es un tema muy silenciado y a su vez y por el mismo motivo muy invisibilizado y viceversa. La sociedad actúa un poco o más bien un mucho como una gran familia silenciadora. Es cómplice de los abusos, porque sabe que existen, los conoce, pero los oculta, mira hacia otro lado y menos le interesa ver la correlación entre estos y muchas secuelas y consecuencias derivadas que afectan a una parte importante de la población. Una de cada 4 niñas y 1 de cada 7 niños sufre o ha sufrido abusos sexuales. 

Para la sociedad, el tapar los abusos, al igual como a la familia les beneficia esconderlos, silenciarlos, por la cuestión “del honor” y la ruptura de su estructura que supondría, para esta, para la sociedad, como digo, sería igual, esconde, tapa por interés muchas veces y ya no solo por el tema de la imagen, del honor si no por los “intereses” de unos cuantos en que no se aborde este tema. Con los años me he dado cuenta de que vivimos en una sociedad bastante pseudo-pedófila a la que, como digo, no le interesa abordar ni erradicar este tema como realmente debería hacerlo.


E: Por último, me gustaría que me dijera si considera alguna relación posible entre los distintos tipos de abuso: infantil, femenino, y prostitución. ¿Considera que algún punto en común, alguna correlación? Si es así, ¿Podría explicarnos cuál?

Á: Pienso que la posición de poder del agresor o agresores, la vulnerabilidad de las víctimas, la educación patriarcal, machista, que aún prevalece a día de hoy y la escasez de la misma en igualdad, son los puntos en común de las tres. En la prostitución y dado que entre un 85-90% de las prostitutas refieren abusos y violencias sexuales en sus infancias se encuentra una estrecha correlación entre la primera y estos últimos. En el abuso femenino podemos encontrar de nexo común que muchas mujeres vulnerables por experiencias traumáticas previas o por su condición (hay colectivos desfavorecidos de mujeres que tienen más probabilidades de sufrirlos), son susceptibles de sufrirlo y también, debido a, como digo, la educación machista que ha imperado en las sociedades desde hace muchos siglos y que sigue por desgracia dando coletazos a día de hoy.

 

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