Las personas, somos como piedras ante el impacto del aire y el agua. Las relaciones que construimos son tan frágiles, efímeras, que o nos esforzamos por cuidarlo, o lo acabaremos perdiendo. Todos los aspectos de nuestra vida vienen condicionados por el tiempo; incluso la misma vida, es tiempo. Un tiempo que se nos va restando hasta llegar al final de esta. Tiempo que aprovechamos, que malgastamos.

A lo largo de mi vida he visto y vivido cómo relaciones de todo tipo, ya fueran de amistad, amor, o posible amor, se han roto por no ser capaces de dedicar cinco minutos a esa persona. Siempre tenemos en boca la importancia del tiempo, el poco que tenemos, alegando que nos impide poder mantenernos en contacto con alguien. Lo utilizamos como mera excusa en lugar de ser francos con la persona que, supuestamente, queremos. A lo largo de un día, hay veinticuatro horas, mil cuatrocientos cuarenta minutos y ochenta y seis mil cuatrocientos segundos. De verdad, ¿no tenemos uno de todos esos segundos para dedicárselo a las personas que consideramos más allegadas?

Si están cerca de ti, en el entorno familiar, no cuesta dedicar un segundo para una caricia, un “¿qué tal ha ido el día?”, un beso, o ayuda puntual. Si están lejos, y dispones de unos minutos, llámalos, mándales un mensaje. No toma nada de tu tiempo, porque seguro que lo desaprovechas mirando el televisor, mirando a la nada, o incluso en redes sociales anclado mientras quizá esa otra persona piensa en ti. Quizá le duele que no le des parte de ese tiempo y aún así, trata de excusarte pensando que realmente no lo tendrás.

Pero vamos a dejar de engañarnos de una santa vez: todos tenemos tiempo para todo, solo que lo empleamos mal la mayoría de las veces y sin darnos cuenta de lo que ello puede llegar a costarnos a largo plazo. Una amistad rota, un adiós para siempre. Haz planes ese día libre que tienes, ve de sorpresa a visitar a alguien que añores…Pero dedícales tiempo, porque al final del día es lo único que te queda: cómo has aprovechado cada uno de esos mil cuatrocientos cuarenta minutos y con quién.

Si sencillamente no quieres dedicarle tiempo, dilo. Se valora más quién quiere estar a tu lado y te lo demuestra, quién quiere dedicarte tiempo. Ya que no se lo das, no le hagas perder el suyo. Es cuestión de respeto. He preguntado a varias personas para guiarme antes de aventurarme a escribir sobre este tema, y un veinte por ciento aproximado de los encuestados no veían un por qué a dar tiempo “si total, ya saben que los quiero”, mientras un ochenta por ciento desearían que se les dedicase más atención.

Jamás sentirás igual de cerca, ni tendrás la misma confianza con alguien con quien hablas o estás habitualmente, a alguien con quien te comunicas de pascuas a ramos , por mucho que nos empeñemos en que nada se pierde. Es cuestión de desgaste. Es tan sencillo como pensar en una flor. ¿Dejarías a tu flor sin regar durante más tiempo del necesario? No, porque se moriría. Y es cierto, a veces sufrimos descuidos porque estamos más centrados en nosotros mismos, en nuestros problemas, en nuestras tareas. No nos paramos a pensar que los problemas si tienen solución ya se solucionarán, y si no lo tienen, no vale la pena malgastar un solo segundo en ello.

Consumimos tiempo de forma innecesaria, malgastándolo, cuando podríamos emplearlo en estar con nosotros mismos o en cuidar nuestro entorno. Nos preocupamos en exceso por cosas que no tienen más vuelta de tuerca mientras no vemos que lo que realmente sí tiene fácil arreglo, está muriendo frente a nosotros.

Así que os animo a pensar en qué hacéis con vuestro tiempo y si verdaderamente corre tanta prisa, si tiene tanta importancia, y si podéis o no posponerlo.

A fin de cuentas, vida tenemos una y tiempo, el presente.

 

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