La mala dieta y el Índice de Masa Corporal elevado están entre los principales factores de mortalidad

 

Aunque continuamente se destaca la mortalidad por accidentes de tráfico, epidemias o terrorismo, lo cierto es que el 98% de las muertes se deben a enfermedades crónicas no transmisibles, especialmente enfermedades cardiovasculares y tumores. 3 de cada 4 infartos están detrás del exceso de peso y entre un 10 y un 27% de los cánceres renales se deben a lo mismo. Aunque no se puede afirmar que es consecuencia directa de la mala alimentación y el sedentarismo, si es cierto que esta contribuye al desarrollo de enfermedades, según un estudio publicado por la Sociedad Española de Nefrología.

 

España es el segundo país europeo con más personas obesas o con sobrepeso, alrededor del 25% de la población, lo que lo convierte en un problema de salud pública.  En cuestión de 50 años la población española ha pasado de la necesidad a la abundancia. Mientras que en los años 50 alrededor del 15% de los ciudadanos no ingería las calorías necesarias, en los años 80 la ingesta calórica media superaba el 26% de lo recomendado y a partir de los años 90 vuelve a descender gradualmente. El descenso debería ser una buena noticia, pues se recuperan valores recomendados, pero el problema ahora se traslada a lo que comemos.

 

Con la industrialización ha aumentado la disponibilidad de alimentos diferentes y eso se traduce en un aumento del consumo de carne y azúcares y descenso del consumo de hortalizas. Se ha extendido el consumo de ultraprocesados con aportes calóricos muy superiores a los de la mayoría de alimentos naturales y más rápidos de consumir, pues muchos no requieren apenas de preparación. En este sentido cobra importancia quién y cómo cocina. Los resultados ponen de manifiesto que las mujeres jóvenes han reducido sus conocimientos culinarios respecto a generaciones anteriores, aunque siguen superando a los hombres,cuyo número de cocineros comienza a aumentar significativamente.

Cocinar en casa además del ahorro económico, mejora la alimentación. Existe un mayor porcentaje de personas sanas entre quienes se responsabilizan de la comida del hogar y quienes guisan y cocinan al horno o a la plancha. Comer bien no solo previene la muerte, también ayuda a mejorar la calidad de vida y reduce la posibilidad de contraer enfermedades.

 

La otra asesina potencial es la inactividad física, que unida a la mala alimentación, ha hecho aumentar el número de personas con sobrepeso. En la actualidad el sedentarismo se extiende a todas las clases sociales debido a la nueva tecnología laboral, la evolución de los métodos de transporte y los cambios en los hábitos de ocio. La sociedad avanza hacia un futuro que exija menos esfuerzo físico, lo cúal es una gran ventaja en cuanto a productividad y condiciones laborales pero perjudica directamente a nuestra salud. La realidad de muchos españoles consiste en ir de casa al trabajo en coche, estar sentados en sus oficinas y al llegar a casa acomodarse en el sofá a ver la televisión.

 

A diario se infravalora la forma física pero en situaciones en las que la salud se pone a prueba es una pieza fundamental para salir de la enfermedad. Un claro ejemplo son las roturas de cadera en personas mayores, cuando una persona de más de 75 años se rompe la cadera estadísticamente su esperanza de vida cae a 5 años. Un anciano ya no se repone de 3-4 meses en cama sin poder ejercitarse aunque sea mínimamente y esta convalecencia resulta letal.

 

El riesgo del sedentarismo, al igual que el de la mala dieta, es un factor fácilmente modificable. Hacer ejercicio físico no significa comenzar a correr a diario 20 kilómetros, basta con implementar la actividad física en la rutina. Subir por las escaleras o ir al trabajo andando o en bicicleta puede bastar para mejorar la salud exponencialmente. Comprender esto es tan simple como entender que la naturaleza del ser humano es nómada y que está preparado para recorrer muchos kilómetros a diario, privar al cuerpo de ejercicio lo atrofia.

 

Anuncios