Tal día como mañana pero de hace 497 años tuvo lugar la batalla de Villalar, librada en el paraje conocido como Puente de Fierros, a las afueras de la localidad, el 23 de abril de 1521. Este combate puso fin a la Guerra de las Comunidades de Castilla, que enfrentaba al rey Carlos I con los Comuneros, campesinos sublevados por la excesiva presión fiscal impuesta por el monarca y la pobre participación de Castilla en la política imperial. Vamos, que se daba de lado a la población castellana.

Los sublevados constituyeron una “Junta Comunera” (su nombre fue Santa Junta) en Ávila, que poco después se trasladó a Tordesillas, donde estaba encerrada la madre de Carlos I, Juana I de Castilla, llamada La Loca tras haber sido inhabilitada para el trono por su supuesta locura. Pero seamos claros, no padecía tal locura sino que su padre y su hijo lo pusieron de excusa para quitársela del medio. Los Comuneros decidieron que Juana debía darles su aprobación para la constitución de las Cortes, pues la reconocían como soberana en su lucha contra Carlos I, aunque en última instancia su firma no era válida, pues no era la reina.

Las tropas comuneras, comandadas por el capitán general Juan de Padilla, se retiraron hasta Torrelobatón y de allí tenían la decisión de llegar a Toro, pero a la altura de Villalar, en Puente del Fierro son alcanzadas por el ejército real y derrotadas, siendo detenidos sus líderes, Padilla, Bravo y Maldonado. Estos son ajusticiados el día siguiente en la plaza del pueblo y sus cabezas expuestas.

Los hechos fueron recordados por dos monolitos, uno ubicado en la plaza del pueblo y otro en el lugar de la batalla. Villalar comenzó a denominarse “de los comuneros” y a considerarse como cuna del nacionalismo castellano y símbolo de la lucha de los pueblos por la libertad. A finales del siglo XIX se comienza a desarrollar un sentimiento nacionalista que culmina con la primera Fiesta de los Comuneros celebrada el 23 de abril de 1889. En el año 1932 se adopta oficialmente el “de los Comuneros”.

En 1976, organizado por el Instituto Regional de Castilla y León, se recupera la misma (aunque en aquella ocasión fue un 25 de abril) que se convierte en el “Día de la Comunidad”, tornándose en carácter oficial. Cuando se decide que la celebración del “Día de la Comunidad” pasa a celebrarse, con carácter rotatorio, en las diversas capitales provinciales, la “Fiesta de los Comuneros” vuelve a tomar carácter reivindicativo que se había perdido en los años de la dictadura de Francisco Franco.

 

 

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