A lo largo de toda la historia, se ha evitado lo extraño. Todo aquello que desconocemos o que nos puede suscitar dudas ha sido desplazado y considerado negativo; y a pesar de que en muchos casos, como ha sido lo esotérico o el mundo gótico, acabaron teniendo muchos adeptos, parece que no ocurrió lo mismo entre las propias personas.

Todos tenemos conocimiento de todas esas purgas que, dirigidas por un grupo de personas consideras superiores, emitieron hacia una serie de personas por ser consideradas disidentes de unas ideas que no compartían con las primeras, entre las que puede ser más famosa la ligada a la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, no fue la única, y a pesar de haberse producido una gran cantidad, por desgracia, de este tipo de discriminaciones a lo largo de la historia, el ser humano parece no aprender de los errores pasados y tropezar con la misma piedra.

Ante los últimos hechos relacionados con el niño almeriense Gabriel Cruz, y la naturaleza racial y extranjera de su asesina, han proliferado los comentarios racistas en las redes sociales hacia un colectivo que no es responsable de la actuación de una persona. ¿Acaso ese mismo hecho en España no fue realizado por personas, tanto blancas como españolas?

Y es que, ¿los homosexuales fueron el germen del SIDA?

¿Por qué la mujer ha sido considerada inferior?

¿Si tiene la piel diferente tuvo que ser esclavo en siglos pasados?

 

Todas estas preguntas tienen una respuesta común, y es que es mucho más fácil acusar, sobreponerse o someter al diferente.

 

La historia no es solo una asignatura que cursar en el colegio, sino que es algo que no hay que pasar por alto en este tipo de cuestiones; pero, por desgracia, aunque mucha gente piense que no, estos hechos están más cercanos en el tiempo de lo que creemos. Y no hablo del antisemitismo del siglo XX promovido en Europa, sino que es propio de nuestro siglo con ese tipo de comentarios en las redes sociales hacia personas, ligando hechos y orígenes cuando no son compatibles, porque no tiene ninguna importancia el hecho de que, en el caso mencionado, la asesina sea de un origen o tenga un tipo de piel, y esos comentarios hacia ella por el hecho de su origen siguen promoviendo ese odio hacia el diferente, que es un fenómeno que ya tendría que haber sido erradicado.

Y es que, ¿quién dicta qué es lo diferente? ¿Acaso no somos todos algo diferentes? ¿Y no es lo diferente lo que aporta cierta belleza en el arte, la música, la literatura…el día a día? Creo que la respuesta es sí, si sabemos valorarlo, y no desprestigiarlo.

 

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