Un éxito. Eso es lo que ha sido la huelga feminista de este 8 de marzo. La primera de toda la historia en España. 120 ciudades en municipios marcharon en nuestro país contra la desigualdad y la violencia ejercida hacia las mujeres. Todos hemos visto imágenes de las calles desbordadas, donde ya no cabía un alfiler. Pero, ¿cómo empezó todo esto? ¿cuándo comenzaron las huelgas?.

Como hemos dicho, esta ha sido la primera huelga feminista que ha habido en España, pero eso no significa que hasta ahora las mujeres estuviesen desaparecidas de la lucha en las calles. Un gran ejemplo, y poco mencionado, es el de las cigarreras de Madrid, que comenzaron sus huelgas y protestas en 1830, y siguieron durante todo el siglo XIX. Sus principales reclamos eran mejores salarios y condiciones laborales, y los despidos de muchas de ellas con la aparición de las máquinas.

En 1900, la huelga se extendió al sector textil, sobre todo en Zaragoza, donde una compañera fue despedida por no ir al trabajo ese día, lo que extendió más aún la huelga. En enero de 1901, sus demandas fueron escuchadas y la compañera, readmitida.

Aún así, las cigarreras seguían a la cabeza del movimiento. León, La Coruña y Alicante fueron focos muy activos de la lucha. En Gijón, otra de las ciudades más reivindicativas, las mujeres alcanzaron sus objetivos tras una dura huelga. En 1903, las trabajadoras asturianas habían pasado de cobrar 80 céntimos por cada cajetilla de tabaco, a cobrar 45. Prácticamente las condenaban a morir de hambre. Restablecieron su antiguo sueldo tras recibir gran ayuda de la prensa en sus denuncias. Un año más tarde, Zaragoza volvía a despuntar. Varias obreras se echaron a las vías del tren para impedir su paso y así reivindicar sus condiciones de trabajo.

En 1910, por fin, se produjo lo que se ha considerado la primera manifestación multitudinaria de mujeres de la historia española. Por aquel entonces, pioneras feministas como Concepción Arenal y Emilia Pardo Bazán ya habían adquirido reconocimiento en su defensa de cambios jurídicos y educativos. Algunas de las consignas que se pudieron leer arremetían con el clericalismo, quien se había apropiado de la representación de las mujeres en ámbitos como la educación.

El feminismo afirmaba que había que librarse de la Iglesia tanto en lo moral como en lo intelectual, pues sino no conseguirían un cambio en profundidad. Además, favorecería a los conservadores, pues el voto de las mujeres (que había empezado a ser prioridad en esos años) educadas en la fe cristiana iría para ellos.

Este mismo año también comenzarían las protestas por la reivindicación de la jornada laboral de 10 horas, en la que las mujeres tuvieron un papel muy activo. Y así podríamos seguir hasta nuestros días, pasando por 1933 y la obtención del voto.

Pero, sin duda, esta huelga ha puesto sobre la mesa todas las que somos y lo hartas que estamos de que se nos ningunee. Ya no solo en el ámbito laboral, que era el que siempre se había reivindicado; sino en los cuidados, en lo invisible. Ese trabajo silencioso que siempre han hechos nuestras madres y abuelas.

Adolescentes, lesbianas, embarazadas, negras, trans, migrantes, señoras de 80 años, madres con sus hijos. Allí estábamos todas, pues incluso las que no pudieron parar, se sentían en los gritos. La manifestación fue un despertar, nos hizo ver que no estamos solas, que nos apoyamos, y así marchamos. Juntas.

 

Y luego diréis que somos cinco o seis.

 

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