Es llamativo a los niveles de patetismo que hemos llegado en nuestra sociedad por culpa de panfletos y mensajes que intentan dar una visión reduccionista del mundo y del ser humano; además, camuflados en autoayuda barata de usar y tirar. Me refiero, desde luego, a esa clase de mensajes que actualmente se extienden, como si de una epidemia de peste se tratase, por las diferentes ciudades de nuestro mundo.

Si todavía no habéis tenido la oportunidad de presenciar este espectáculo tan bochornoso para la inteligencia humana, comentaré, de manera muy sencilla, cuáles son las principales características de este movimiento tan peculiar que ahora nos ocupa.

Uno de los pilares fundamentales en los que se apoya dicho movimiento es el positivismo; conste que nunca tendré una mala palabra para aquellos que tienen en la vida una actitud de lucha y esfuerzo ante las dificultades que la vida les pueda poner. En absoluto. Sin embargo, el positivismo que esta nueva ola social propone como forma de vida está completamente alejado de la cotidianidad humana, ya que confían en los poderes sobrenaturales que puede tener una sonrisa ante los obstáculos que la vida (¡esa gran enemiga!) nos pone, como no, para fastidiarnos.

Pero aquí no acaba todo. Ni mucho menos. Otro de los pilares esenciales de dicho movimiento es la falsa expectativa. Me explico. Estos mensajes que se lanzan tienen, bromas aparte, un poder asombrosamente espeluznante en la sociedad, siendo utilizados maliciosamente para crear falsas expectativas entre los millones de personas que, de manera cuasi religiosa, siguen dichas proclamas. El problema se encuentra en que se “bombardea” a la sociedad con la idea de que cada uno de nosotros podemos conseguir todo en esta vida, solo si nos lo proponemos. Como se puede apreciar, la simpleza del discurso es vomitiva, puesto que reduce el triunfo humano en un único factor: la predisposición de uno mismo.

Sin embargo, si analizamos la realidad sin maniqueísmos de este tipo veremos que el triunfo de uno mismo no siempre depende de las cualidades que la vida nos ha ofrecido, sino que existen otros factores como por ejemplo la clase social en la que uno se encuentra, o también, claro está, los padrinos que uno pueda tener. Lo vomitivo no queda ahí. Para más inri, estos iluminados de la falsa autoayuda, criminalizan a todos aquellos que han fracasado en esta vida, culpándolos, además, de dicho fracaso; como si fuéramos los únicos en este mundo en disputar puestos de máximo prestigio, y no hubiera nadie más que está estudiando más o que simplemente ha tenido más suerte, por azares de la vida.

Dicho esto, no quiero caer tampoco (Dios me libre) en mensajes extremadamente pesimistas. En absoluto. La vida es la que es, ni más ni menos. Suficiente es la vida para ir adornándola de buen rollo y lugares comunes que lo único que hacen es desestabilizarnos emocionalmente creándonos esperanzas de un futuro que puede o no llegar.

 

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