“De mi pequeña experiencia personal, puedo decir que un hombre como yo, por insignificante que fuese, había contraído méritos suficientes para haber sido fusilado por los unos y por los otros” 

-Manuel Chaves Nogales, Prólogo de A sangre y fuego.-

 

Manuel Chaves Nogales, periodista sevillano nacido en el año 1897, se calificaba a sí mismo (también la dialéctica marxista lo hacía) como “pequeño burgués liberal, ciudadano de una república democrática y parlamentaria”. Se consideraba antifascista y antirrevolucionario a partes iguales, puesto que su condición realista de la vida no le permitió nunca creer en la virtud de los grandes salvadores ni de los eslóganes rimbombantes que de sus bocas salían.

Fue una persona y periodista que, a pesar de estar situado en un plano ideológico progresista, no titubeó los más mínimo a la hora de señalar quiénes estaban detrás de los diferentes acontecimientos que en los años veinte y treinta, sobre todo, azotaban a la mayor parte de los territorios europeos.

Andar y contar fueron los dos únicos oficios que Chaves Nogales realizó con mayor efusividad durante toda su vida. El oficio de periodista, de cierta manera, podría resumirse en eso. Desplazarse allí donde ha ocurrido un suceso, y narrarlo con total ecuanimidad (que no equidistancia), es decir, ser justo con la propia realidad, para convertir al periodismo, por lo tanto, en un digno oficio que tenga una importancia real en nuestra sociedad.

Chaves Nogales anheló y persiguió durante toda su vida la libertad; esa fue una de sus principales máximas. Desde la libertad del periodista para ejercer su trabajo de manera digna, hasta la libertad humana para poder decir, hacer o deshacer lo que le diera en gana.

Se convirtió, sin duda alguna, en una referencia del periodismo en la época en la que le tocó vivir. Un hombre con la suficiente calidad intelectual para sintetizar en pocas líneas sus odios y amores.

La estupidez y la crueldad humana son condiciones inherentes al ser humano, más allá de su posicionamiento ideológico. La guerra y el miedo, decía el periodista sevillano, justificaban todas las acciones viles que cometía el ser humano.

En la actualidad, debería ser de lectura obligada la obra de Chaves Nogales, puesto que cada una de sus líneas arrojan hoy, después de tanto tiempo, esa luz personal y característica de un intelectual que, en la encrucijada de la Guerra Civil Española de escoger por un bando u otro, siempre mantuvo una postura independiente y fiel a sí mismo, aunque esa independencia lo condujera a un arrabal de París, compartiendo días y noches con los más diversos personajes de una Europa que exiliaba a sus más brillantes personajes al olvido y a la miseria.

 

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