Todos y todas hemos oído hablar de la brecha salarial y, de hecho, es lo que más se tiene en cuenta la hora de hablar sobre desigualdad. Conozcamos pues que no sólo existe ese tipo de brecha, ya que hay muchas otras, pero vamos a centrarnos en una concretamente, ya que nos rodea y afecta de una manera muy sutil; la brecha digital. Esta brecha nos envuelve silenciosamente, pues a penas se habla sobre ella. No al menos de la misma manera que podemos llegar a hablar sobre la brecha salarial o el acoso físico/verbal/psicológico.

Pero ¿en qué consiste este tipo de desigualdad? Muy fácil, lo que nos viene a decir la brecha digital es que los hombres están más involucrados y avanzados en el tema tecnológico que las mujeres. Refutar esto es rechazar la realidad, ya que el uso de las redes sociales, búsqueda de empleo y formación o visualización de revistas digitales es algo que está muy normalizado y no es, precisamente, lo más complicado ni para lo que haya que tener un alto nivel de conocimiento tecnológico.

Lo que se juzga con esto es el tipo de uso que le damos a las redes, es decir, la finalidad con la que usamos internet. En este caso no se mide la frecuencia con la que lo usamos las mujeres, ni la accesibilidad de la que gozamos en cada caso, sino que la brecha digital nos dice que los avances que pueda haber dentro del cibermundo primero lo prueban los hombres. Hace unos años se plasmó en estadísticas unos datos muy interesantes sobre la brecha digital, proporcionadas por Cecilia Castaño en la XII Conferencia Regional sobre la mujer de América Latina y El Caribe, la cual podemos encontrar hoy en una presentación titulada “Políticas de acceso a las TIC en perspectiva de género”. Aquí nos afirma que el rol de género establecido para cada sexo nos lleva adoptar cierta actitud ante las redes; mientras las mujeres hacemos un uso más “funcional” tales como empleo, salud y formación, los hombres hacen un uso de internet más lúdico, de consumo y de ocio.

Como muy bien dice “Las mujeres acaban incorporándose a todos los usos, pero los hombres van más deprisa y para cuando ellas llegan, ellos ya se han desplazado a la siguiente frontera tecnológica”. En esa frase podemos resumir perfectamente lo que viene a ser la brecha digital de la manera más clara y precisa posible.

Las mujeres nos vemos rodeadas de brechas, independientemente de la importancia mediática que se le otorgue, y caemos en el error de no darles el valor que merecen. Ya vemos cómo la aceptación de los roles de género establecidos nos lleva directamente a la incapacitación (que sólo es un estado mental, lo que quieren que creamos sobre nosotras mismas) y, en muchas ocasiones, niega la evolución de las mujeres como seres humanos.

 

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