De política todos sabemos, y de economía ya ni les cuento. Nuestras fuentes de información, los grandes medios de comunicación y las más que teatralizadas tertulias televisivas, son los pilares instructores de nuestra gran sabiduría.

Subes al bus, entras en el metro y siempre suele haber un par de personas comentando los temas de actualidad, que si las pensiones esto, que si Cataluña lo otro. Al fin y al cabo no pasan de ahí. Esas gentes o gentuzas expertas y dogmáticas, no ocupan por suerte, un escaño en el parlamento, aunque señores míos, nuestros diputados no es que sean verdaderas eminencias, además lo de la oratoria parece haberse pasado de moda. Añoro intervenciones como las de Labordeta, ahora la izquierda se dedica a otras cosas, si es que se le puede llamar izquierda a la panda del teatrillo que ocupa casi medio hemiciclo.

El debate eterno en este país, la izquierda o la derecha. Como buenos españoles, masoquistas en algunos aspectos, nos gusta etiquetar ideológicamente, porque a pesar de que el destape se produjo hace bastantes años, lo de estar desnudos en una conversación, nos incomoda. Además etiquetamos a los partidos, esa especie de pseudo-empresas. Sugiero esto último, porque aunque su fin no es la obtención de un excedente económico, si lo es la obtención de votos, y para ello, estimados lectores, se comportan como aves carroñeras, como depredadores, como animales de caza. Solo hace falta observar el lenguaje prácticamente belicista que se está utilizando en Cataluña. Nazis para arriba, fachas para abajo, presos políticos por allí, estado represor por allá.

La desinformación suele conducir a la confusión, por eso, estos se cuidan muy bien de no decir todo aquello que los pueda perjudicar. Posiblemente no sepamos que España no puede llevar a cabo políticas de corte monetario, ¿Vivimos entonces en democracia? Responder a esta pregunta me llevaría como mínimo otro artículo pero supongamos que sí. Vivimos en democracia pero no sabemos utilizarla. Nos toman por verdaderos borregos, quizá porque lo somos, el Partido Popular gana unas elecciones y la gente sale a la calle con una bandera con el logo de la formación.

Partiendo de la base de que, como mencioné antes, no podemos ejercer política monetaria y la política fiscal te la dirigen desde Europa, cuyo particular fetiche es el control del déficit, ¿Para qué sirve un político español? Pues para bastante poco, quizá para promulgar la ley de seguridad ciudadana, para votar hace no tanto tiempo en contra del matrimonio homosexual y para designar, vilmente, a dedo y cargándose la separación de poderes, a algún que otro juez, que le lave sus manos machadas de corrupción, si no su trasero, cuando las cosas pinten negras.

Es una pena y lo sé, pero es lo que hay. Solución posible no se atisba, por lo tanto lo más inteligente, en vez de discutir de política, es hacerla. Aunque esto último es bastante cansado, lo nuestro es la charlatanería.

 

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