Después de un año y medio parece que la tempestad oscura y tétrica ha dado paso, aunque con algún tono grisáceo, a la calma más absoluta y sobria que se podía esperar en estos momentos.

Aunque el desenlace de la investigación del caso de Diana Quer no ha sido el más favorable para el sentimiento familiar, siempre queda la resignación amarga y cruel propia de aquel que por pura supervivencia debe seguir adelante y afrontar la pérdida de un ser querido, más aún si cabe, en los términos tan dramáticos que han ocurrido.

La joven madrileña contaba con tan solo dieciocho años cuando un 22 de Agosto de 2016, después de disfrutar de la fiesta del pequeño pueblo coruñés (A Pobra do Caramiñal), no regresó al domicilio donde su familia le esperaba. Este fue el principio de toda una crónica que en ocasiones parecía interminable y, a medida que los días transcurrían, acrecentaba exponencialmente el dolor y sufrimiento de sus más allegados.  Sospechosos, lugares, testigos, móviles sin dar respuesta han sido los únicos elementos que han servido para jugar y mostrar en pantalla, casi siempre, con esa frialdad y frivolidad que a muchos les caracteriza. Casi siempre, mostrando esa parte sensacionalista que hay detrás de cada tragedia humana. Los buitres de la información buscando la carroña para subsistir de cualquier forma.

Sin embargo, toda historia tiene su desenlace, y esta, además, iba anunciándolo a viva voz.

Un sospechoso del caso fue cogido in fraganti intentando cometer de nuevo el mismo desagravio que había realizado tiempo atrás, como intentando copar de nuevo la noticia en los medios, para así, ver plasmado en televisión su nuevo trofeo en forma de muerte. Claro que esta vez la suerte no estaría de nuevo de su lado, ya que tras horas de arresto en prisión con su actual pareja, la culpa le fue acotando terreno cada vez más hasta acabar confesando su autoría en el crimen de Diana Quer, además de señalar el paradero de su víctima.

El ciclo por fin ha terminado, no sin antes dejar una víctima que ha sido raptada y asesinada, tan solo, por el mero capricho de un hombre que con pésima calidad y calidez humana ha dejado desamparada a una familia que ahora solo le queda agarrarse con todas sus fuerzas a la balanza que dictamina la justicia.

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