No los vemos, pero ahí están, especuladores y banqueros. Todo ese mundillo que de película no tiene nada, amasa a diario enormes fortunas sin un ápice de ética ni de moral. Toda esa gente es la que promueve la venta de determinados productos, como fueron las acciones preferentes, y ahora mismo es probable que estén quemando billetes para mantener el calor corporal después de haber echado un polvo. Mientras, nosotros, creemos a pies juntillas que existe una justicia, mal llamada social.

A día de hoy para mi es más fácil creer en dios que en la bondad del sistema financiero. Solo hace falta mirar unos años atrás, aquí mismo en España, donde los tipos de interés eran tan bajos que te concedían créditos hasta para viajar a la maldita luna. Si era posible te colocaban una hipoteca, porque existió esa mentalidad en el seno de nuestra sociedad, si no tenías una vivienda en propiedad, no es que fueras tonto o pobre, pero bueno, te tomaban por tal. Hubo una época en España donde nos creíamos dioses, incluso estudiaban nuestro caso en universidades extranjeras, unas tasas de crecimiento impresionantes, un desempleo prácticamente inexistente, una jodida locura. Entonces explotó la burbuja inmobiliaria, y ahí, fue cuando tuvimos que empezar a reutilizar ropa interior y empezar a echar la culpa a los políticos.

Sinceramente creo que los políticos tuvieron parte de culpa, pero la verdadera responsabilidad debería recaer en el sistema financiero. En el caso de Estados unidos, se concedían créditos hipotecarios a individuos sin oficio ni beneficio, basándose en expectativas de un crecimiento perpetuo, en el efecto riqueza y sin evaluar riesgos. Un mundo sin sentido en el que se celebraban fiestas en puticlubs, donde políticos, sobretodo de urbanismo, coaccionaban a recalificar terrenos para hacerlos urbanizables. De ahí que podamos pensar que la ciencia política sea una especie de crimen organizado

No me considero el prototipo de revolucionario que sale a una manifestación a quemar contenedores, más bien y si se me permite, me identifico con Don Quijote, el cual lucha contra gigantes, que aunque sean molinos, pueden aplastarlo con pasmosa facilidad.

El problema de todo esto es que nos negamos a ver las cosas, creo de corazón que en España sigue habiendo demasiado dogmatismo y sectarismo, sigue habiendo gente que tiene miedo a cambiar de opinión, sigue habiendo gente anclada en bandos, no en los de la guerra civil, sino en los de la izquierda y la derecha democrática.

La solución, lejos de aparecer, se aleja cada vez más. La polarización de esta, nuestra sociedad, con el tema catalán y el resurgimiento de ideas propias del siglo pasado, ideas más que peligrosas, nos conducen a un camino de no retorno. Mucho me temo que si la clase política y el sector financiero conjuntamente con la sociedad, no se plantan y deciden comenzar un nuevo modelo, en el que impere la solidaridad y la cohesión, nos veremos avocados a un desastre de difícil solución. Algo bastante complejo, ya que aquí, pensamos que nuestro sucio trasero, es el centro del universo y por tanto hay que mimarlo.

Llegados a este punto y con esta misiva, comienza mi particular cruzada contra el individualismo.

Anuncios