Aún faltando unos siete meses para que empiece el Mundial de Rusia, ya será recordado como “ese al que no fue Italia”. Los italianos confirmaron el desastre al no ser capaces de vencer a Suecia, un equipo bastante inferior, durante 180 minutos. Irónicamente, el país sueco fue el anfitrión de las dos últimas citas que se perdieron: Mundial ’58 y Euro ’92. Duele ver a una nación tan orgullosa y con tanta tradición futbolística caer tan abajo, y por supuesto esto se agrava cuando ves las lágrimas de alguien como Gigi Buffon pidiendo perdón a su gente.

Pero ahora es momento de reflexionar, de examinar lo ocurrido. Porque si bien es cierto que Italia ha perpetrado un juego plano y sin rumbo. De Gian Piero Ventura solo decir que no me gustaría estar en su piel en este preciso instante. Ahora mismo es seguramente la persona más odiada de Italia y episodios como la riña de su segundo con Daniele De Rossi en pleno partido no hacen más que colocar el foco sobre él y hacer dudar sobre su criterio.

Bien es cierto que el trabajo del señor Ventura ha sido nefasto. El juego de Italia era plano y sin recursos, y el técnico ha mostrado cero capacidad de improvisación, hasta el punto de que no quiso dar entrada a su atacante más diferencial (Lorenzo Insigne) en el momento más crítico de la eliminatoria por no romper el 5-3-2 al que se aferra su pizarra.

Pero el técnico genovés no debe ser el único chivo expiatorio, aunque su despido es más que consecuente, y merecido. Este reciente fracaso continúa la serie de decepciones que viene encadenando la Azzurra desde su triunfo en el Mundial del 2006. No está de más recordar que desde ese año hasta esta parte se han celebrado dos mundiales… y los italianos han contado por una sus victorias en estas citas mundialistas, no pasando de fase de grupos en ninguna de las dos ocasiones. Aunque ha habido un paréntesis en clave de buen papel en las Eurocopas, es obvio que algo pasa aquí.

Conseguí charlar con algunos expertos en fútbol italiano y fruto de esas enriquecedoras charlas nace este artículo que trata de compilar las razones que han llevado a Italia a esta situación actual, que no son pocas. Ellos me revelan un país que ama profundamente el fútbol, pero por encima de todo, ganar. Ser los mejores. Y es esta ciega creencia en el triunfo lo que les ha llevado a la derrota. Mientras los otros países evolucionan, Italia lo sigue fiando todo a la mentalidad.

 

Con la ambición ya no basta.

El fútbol europeo ha evolucionado con el dinero de las televisiones, excepto en Italia. Aquí (Italia) se desconoce el mérito, solo se busca ganar. Los periodistas y aficiones no piden el espectáculo o la diversión, solo la victoria. Pero entonces, ¿cómo buscamos la victoria? La buscamos del modo que mejor sabemos, a través de la astucia y la convicción. Pero eso ya no es suficiente. Y entonces notas que nuestro fútbol es un fútbol al que le cuesta actualizarse y evolucionar”.

Estas fueron las palabras que dedicó Arrigo Sacchi, uno de los técnicos italianos más laureados de la historia, al fútbol de élite de su país, en una entrevista concedida a José David López (El Enganche). Su mensaje es muy claro. Con la ambición no basta, se debe evolucionar tácticamente y técnicamente, algo que no se conseguirá mientras la FIGC (Federazione Italiana Giuoco Calcio) no propongan soluciones para parchear los enormes problemas estructurales que sufre su fútbol, tapados por dos triunfos extraordinarios, el título del Mundial 2006 y el puesto de finalista en la Euro 2012.

 

El problema del fútbol base.

Tito Jiménez, entrenador con la titulación B de UEFA, me cuenta algo muy revelador sobre las directrices del fútbol base de Italia, donde vive desde hace algunos años. Se hace criba con los niños en base a sus atributos físicos (velocidad, altura, fuerza, etc.), obviando tangibles cualitativas como la técnica o la coordinación natural. “Incluso hay equipos profesionales que para ver si un niño vale o no quieren conocer físicamente a sus padres para ver si hay posibilidades de desarrollo. Si tienes padres bajitos… lo tiene jodido”, nos cuenta.

Además, a los niños se les educa en la cultura de no ser atrevidos con el balón, a no regatear, a no sobarlo. Se les instruye en un fuerte pragmatismo defensivo, a ganar pelotas divididas y a especular con el resultado, buscando el gol a través del contragolpe y el pelotazo. Nunca se busca ganar proponiendo juego, ni se estimula la creatividad de los pequeños.

Esta cultura se respira en todos los campos de provincia de Italia” – relata Tito – “Apenas un niño quiere tener el balón o intenta un regate, se oyen incómodos gritos de passa la palla! (¡pasa la pelota!). Si un equipo trata de construir desde su portero, arriesgando, se escuchan desgarradores butta via quella palla! (¡tira lejos esa pelota!)”. Sin duda, este ambiente resulta un martirio para esos niños atrevidos, y al final acaba mermando su confianza.

No encuentro otra explicación racional que pensar que los entrenadores de categorías inferiores quieren ganar a toda costa y por eso utilizan a los niños con superioridad física, dejando a aquellos con talento y coordinación natural fuera. Estos niños solo llegan si aparte de talento, tienen físico y no son bajitos”.

 

El fantasista sufre en soledad.

Es este panorama desolador el que hace que jugadores como Matteo Darmian, un lateral tosco y poco asociativo, “que se aleja dos o tres metros, como mucho, de la línea de cal, y de tres centros dos los tira fuera” sean habituales en la selección absoluta. Y que escaseen los centrocampistas dominantes como Marco Verratti o los atacantes creativos como Lorenzo Insigne.

Italia siempre se ha caracterizado por tener jugadores de carácter, defensivos, de brega. Pero si uno se fija sus éxitos siempre han sido guiados por la calidad en tres cuartos. Hablamos de gente como Roberto Baggio, Gianni Rivera, Sandro Mazzola, Alessandro Del Piero o Francesco Totti. Los llamados fantasistas. Figuras que hoy en día faltan, y que solo pueden encontrar un pequeño reflejo (de un nivel muy inferior) en el menudo napolitano Insigne, cuyos problemas con la Azzurra ya han sido explicados. Tito opina que no han sido tantas esas figuras a lo largo de la historia del Calcio: “Son como mucho cuatro o cinco a lo largo de más de 50 años de cultura futbolística”.

Además, aclara que Baggio tuvo que aguantar muchos partidos en el banquillo por no encontrar los entrenadores ubicación para él en los años 90 donde estaba en auge la fuerza y potencia física; y cita la inflación muscular de Del Piero, que tuvo que ganar 7 u 8 kilos de músculo para jugar en la Vecchia Signora. Ejemplos claros de que el culto al físico y el desprecio al talento continúa en la élite del Calcio.

Amén de la conocida staffetta (relevo) ocurrida con Sandro Mazzola y Gianni Rivera durante el Mundial de 1970. El técnico italiano Ferruccio Valcareggi, centrado en la estabilidad defensiva, fue incapaz de encontrar una compatibilidad para ambos fantasistas, y decidió que jugaran una mitad de partido cada uno.

Esta estrategia encontró un análogo décadas más tarde, con críticas de la prensa hacia Cesare Maldini y Giovanni Trapattoni, técnicos del combinado nacional en los Mundiales de 1998 y 2002, por ser incapaces de alinear a la vez a Totti y Del Piero. Pero aunque esta cobarde osadía fuese criticada por los lenguaraces periodistas, en el fondo nace de lo más profundo de la cultura del calcio.

 

Gian Piero Desventura.

Aunque ya se han encontrado suficientes lunares en la estructura del Calcio como para quitar un peso de culpa al ya ex-técnico de la Azzurri, es obvio que Ventura no puede librarse de algunos dedos acusatorios. Como se ha explicado, su labor como técnico ha sido infame y a pesar de que los resultados venían siendo decepcionantes durante años… ha llevado a Gli Azzurri aún más al fondo del pozo.

Zach Lowy, cofundador de Breaking the Lines opina que Ventura no supo renovar las convocatorias tras los buenos resultados cosechados por Conte (2014-2016) y creyó que pudo imitar su estilo de juego. Pero Ventura no es Conte. Aún con un equipo bastante superior al del actual técnico del Chelsea, sobre todo en la parcela ofensiva, la consecución de objetivos ha sido diametralmente opuesta.

Gian Piero Ventura ha sido un trotamundos de las ligas inferiores del calcio hasta que recientemente empezó a gozar de cierto renombre en la Serie A con su trabajo en Bari (donde reemplazó curiosamente, también a Conte) y en Torino, a los que llevó a Europa. De su contratación para el banquillo azzurri, Zach opina: “Era demasiado viejo y sin experiencia en el primer nivel. Nunca me impresionó en Torino”. Cuando pregunté por el nivel de los entrenadores en el país, hubo opiniones contrapuestas. Zach pensaba “que muchos entrenadores eran normalitos, promedio, ni muy buenos ni muy malos, y que pocos realmente destacaban”.

Tito es de una opinión totalmente contraria: “Por cantidad y calidad, creo que se pueden considerar aún a día de hoy los mejores. En Italia apenas triunfan los entrenadores extranjeros, solo podemos destacar figuras como José Mourinho y Helenio Herrera (Inter), mientras que los italianos triunfan en el exterior, tal es el caso del ya mencionado Conte en el Chelsea o Massimo Carrera, que está triunfando en el Spartak de Moscú”. En cambio, vuelve a poner su dedo acusatorio sobre el fútbol base. “Lo que faltan son grandes entrenadores en la formación. No hay grandes figuras en el fútbol base, que absorban las ideas y tendencias del exterior, y mantengan la identidad que es también nuestra esencia. (El crecimiento futbolístico de) Alemania es el mejor ejemplo”, señala Tito.

 

La culpa es de Guardiola

Días antes de jugar el crucial enfrentamiento a Suecia, que a la postre resultaría fatal, el central Giorgio Chiellini declaró en una entrevista que la culpa de la situación actual del calcio era de Guardiola. Que con la revolución del de Santpedor los defensas italianos ya no se preocupaban por defender, si no por aprender a tener el balón y sacar el balón jugado.

En el fondo, las palabras de Chiellini sirven bien para ilustrar todo lo sintomático del fútbol italiano, aquello que ya avisó Sacchi y que ahora hace Tito. El problema está en la raíz, en la base. En la forma, y no en el contenido. “Es el pensamiento de un país entero. Pero el problema no es de Guardiola, es de los entrenadores de base”.

 

“Los paquetes” extranjeros.

Aunque el defensa de la Juve no es el único que ha querido exteriorizar los problemas que sufre Italia y echar la culpa al de fuera. El líder de la Liga Norte (Lega Nord), Matteo Salvini, ya ha hecho unas polémicas declaraciones aprovechando la eliminación como herramienta política. Para poneros en situación,  Lega Nord es un partido de extrema derecha que busca la independencia del norte de Italia (lo que ellos llaman la Padania), y cuyo discurso político está cargado de tintes racistas, xenófobos y clasistas.

Las palabras de Matteo Salvini fueron las siguientes: “Demasiados extranjeros en el campo. Desde los juveniles a la Serie A. Y este es el resultado. Más espacio para los chicos italianos, también en los terrenos de juego”.

Pero no vamos a ir más allá, y no nos meteríamos en los farragosos terrenos de la política si no fuese para que las palabras del señor Salvini sirvieran como precedente de unas, aún más ofensivas, del central Paolo Cannavaro (hermano de Fabio). Esto colgó en su Instagram:

“Chicos, el Mundial no lo hemos perdido hoy, lo perdimos hace 15 años. Gracias a la ley del trabajo llegaron a Italia paquetes de cada parte del mundo a quitarle injustamente el puesto a nuestros chicos. Les dimos dinero, gloria y formación gracias a nuestros entrenadores italianos, que siguen siendo los mejores. Espero que hoy que hemos tocado fondo se refunde nuestro fútbol. Que se vayan fuera las momias que gestionan el fútbol italiano, y sin darle espacio a los jóvenes en el campo”

Si bien hay que decir que la Serie A es una de las ligas con menos restricciones federativas en cuánto extranjeros se refiere, y que el nivel de estos jugadores suele ser de perfil medio-bajo, nunca grandes estrellas, aunque hay nobles excepciones: Dybala e Higuaín (Juventus), Torreira (Sampdoria), Icardi (Inter), Papu Gómez (Atalanta)… son algunos de los jugadores más destacados del calcio.  Pero es cierto que el nivel no es el de otras ligas… Aunque es una estadística que puede resultar engañosa, debemos decir que de 246 extranjeros federados en la Serie A, solo 78 van al Mundial de Rusia 2018. Una cifra realmente pobre que pone de manifiesto su nivel.

 

De este espinoso tema, Tito cree que no se debe achacar a los extranjeros la culpa de la eliminación, aunque muchos de ellos son jugadores mediocres que contribuyen a no cuidar las canteras. Sin embargo, mientras que las declaraciones de Paolo se deben ver desde el prisma de un deleznable racismo, Tito nos pone la lupa sobre los verdaderos culpables.

Esta situación es consecuencia de los intermediarios. Los extranjeros dan de comer a esa clase parasitaria a la que solo le importa el dinero y nada el fútbol. Te pongo un ejemplo, ¿por qué el Udinese, siendo el único club de la región de Friuli que juega en Serie A, y pudiendo pescar de allí, no ha sacado un solo jugador de su cantera en 20 años? Porque ese es el negocio que buscan los Pozzo (propietarios de Udinese, también de Watford y expropietarios del Granada)”. Clubes como Udinese o Palermo son clubes-empresa a los que importan más las ganancias económicas que establecer ninguna clase de éxito deportivo. Obvio que pueden construir un buen equipo y hacer las cosas bien en el campo, pero al final la realidad es esa. Comprar por poco y vender por mucho más.

En mayor o menor medida lo hacen todos los equipos italianos. ¿Por qué si no grandes equipos como Juve, Inter o Milan apenas sacan canteranos para el primer equipo?”.

 

Oriundi.

Por no decir que hay que ver la impronta positiva de todos extranjeros “sobrepoblando” la Serie A. En la funesta eliminatoria contra los suecos, solo un futbolista pudo salir con la frente alta. Jorge Luiz Frello Filho. Jorginho. Que no ha nacido en Verona, ni en Florencia, ni en Milán, ni en Turín, ni siquiera en la Nápoles a la que actualmente deleita con su fútbol, sino en Imbituba, un municipio del estado de Santa Catarina, en Brasil.

A pesar de su ascendencia italiana, Jorginho sería “uno más en el bulto” de paquetes extranjeros de los que habla Paolo. Pero sin embargo, puede ser el timón que necesita la Azzurri. La lista de oriundi (el término italiano para referirse a estos nacionalizados), es larga y se extiende a lo largo de los años. Cesarini, Altafini, Camoranesi, Thiago Motta o el mismo Jorginho. Poner trabas a los extranjeros sería privar a estos jugadores de la posibilidad de vestir la camiseta de Gli Azzurri, y algunas veces han resultado ser fundamentales para sus éxitos. Pensar como Paolo es ridículo.

 

¿Y ahora qué?

Hemos realizado una pequeña radiografía de los problemas que sufre el fútbol italiano hoy en día, y no puedo continuar si no antes hacer un alto en el camino y agradecer tanto a Tito Jiménez como a Zach Lowy por dedicarme su tiempo para ayudarme a elaborar este artículo. Pero la cosa no está terminada. ¿De qué sirve detectar los problemas si no se encuentran las soluciones adecuadas?

La Gazzetta Dello Sport, el famoso periódico deportivo de las páginas rosas, publicó recientemente un decálogo de diez puntos para resolver este doloroso bache por el que pasa el país. Algunas de las soluciones propuestas son renovar la Federación (algo que ya pedía Paolo Cannavaro en su polémico mensaje, donde tildó de “momias” a los actuales dirigentes); introducir filiales en la competición profesional a la manera de España y Alemania; premios para aquellos equipos que utilicen más italianos y conseguir el retorno de los aficionados a los campos, entre otras.

Al despido de Ventura se le suma la dimisión del máximo responsable de la Federación, Carlo Tavecchio. Los hilos empiezan a moverse, y algunas ideas de la Gazzetta parecen ir en la dirección adecuada. Ahora falta ver que directrices reales se siguen. Los meses que se vienen van a ser muy duros para los italianos, pero en el fútbol se recoge rápidamente la semilla de las cosas bien hechas. Pero se necesita que gente capaz y valiente tome las riendas. Aunque no cabe duda de que tarde o temprano Italia volverá, siempre vuelve. Y volverá a ganar, en contra de todo pronóstico. Siempre lo hace.

 

 

 

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