Facha, esa palabra que resuena cada vez más, quizá demasiado, en nuestro día a día, se está usando a la ligera y con poco acierto. Analicemos la palabra. La palabra facha proviene de las palabras fascista y fascismo, que a su vez provienen de la palabra italiana fascio (“haz” “fasces”), que significa haz de varas, símbolo de unión y estado. Esto en principio no nos dice nada, una palabra con su respectiva genealogía, como todas. La cuestión es que esta palabra está asociada a los regímenes totalitarios nacionalistas de derecha que surgieron en Europa durante la primera mitad del siglo XX, cuando pensamos en ellos nos acordamos de Mussolini, Hitler, Franco…, la mayoría de países de nuestro continente tuvieron su dictadura fascista. Por tanto llego a la conclusión de que si llamas a alguien facha lo equiparas al fascismo y a todo lo que ello conlleva.

 

Una vez más se cae en la exageración y verborrea fácil, unos llaman fachas a los otros y estos a ellos anarquistas, estalinistas…, en fin, es tan fácil meter a la gente en un saco u otro. Yo creo, y creo yo, llamadme loco, que una persona que está orgullosa de su país no se convierte automáticamente en un facha, al igual que alguien que tenga ideas de derecha. Si fuera así, un amplio sector de la población cree en un régimen totalitario, represivo y censor. Sálvese quién pueda. Por el otro lado en cuanto se gira un poco a izquierda ya te conviertes en un comunista, radical, antisistema…, aquí no se salva ni el apuntador.

 

Las miradas se contaminan por estos venenos políticos alimentados por los medios y las redes sociales y entonces toca mirar a España, nuestro país, nuestro hogar. Decía Unamuno, muy citado últimamente, “Me duele España”, cuando el lo dijo España se encontraba en uno de sus peores momentos, años de inestabilidad, golpes y traiciones que desembocaron en una guerra civil que partió nuestras mentes y corazones para siempre. Yo también miro a España y lloro, basta abrir cualquier libro de historia para ver que llevamos siglos haciendo las cosas mal, guerras civiles, corrupción, atraso… . Luego miro la actualidad y veo una educación con graves deficiencias, desigualdad creciente, recortes en sanidad, corrupción a todos los niveles, falta de empleo… . Pero nada como salir de casa para echarla de menos, echar de menos la variedad de sus gentes, la cultura de los bares, sus paisajes, las fiestas, la cultura… y podría pasarme horas diciendo las cosas buenas y malas que tenemos.

 

Pero a pesar de todo sigo creyendo en mi patria, me gustan sus cosas buenas y quiero mantenerlas o mejorarlas y odio sus cosas malas y quiero cambiarlas. Estoy harto de los cegados que solo ven lo bueno y lo exiben como un estandarte y de los cobardes que la dan por perdida y se lamentan del país en el que les ha tocado nacer. Porque mejorar es cosa de cada uno de nosotros, desde el día a día se pueden hacer grandes cosas. Quedarse en el sofá lamentándose o tranquilo porque ya no podemos mejorar más no es la solución, una nación no es la tierra, es la gente que la compone.

 

 

Queda mucho por hacer y aún no hay nada perdido, la tolerancia siempre fue el camino.

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