Vivimos en una sociedad de la que podríamos usar mil palabras para describir la variedad de ideas y opiniones que la conforman. Aún así, existe una fracción considerable de ésta que aún piensa solo en dos facciones éticas, en dos lados, en dos colores… bah, escoged la metáfora que más os guste. Gente que lo polariza todo lo que conforma parte de sus vidas… Se posicionan en un extremo y mandan a quiénes no coinciden con él al otro, al extremo repudiado. Solo ven en blanco y negro, sin darse cuenta de los tonos intermedios, de la escala de grises que hay entre ellos, y que para ellos es invisible.

El deporte, y en consecuencia, el fútbol es un elemento de nuestro colectivo social. Y aunque haya quiénes digan que no, el fútbol se puede mezclar con todo. Con religión (Old Firm escocés: Celtic contra Rangers); con política (Argentina-Inglaterra del Mundial ’86 con la Guerra de las Malvinas aún reciente), con economía o con lo que queráis.

Pero no muchos figurantes (futbolistas, entrenadores, etc.) se atreven a hacerlo. Simplemente porque aquellos que siempre están dando la tabarra con qué no hay que mezclar son los buitres que luego se aprovechan de estas situaciones para crear ruido mediático. Pero los futbolistas tienen otras cosas en la cabeza, lejos del césped y el esférico. Por supuesto, es más fácil mantener el silencio y fingir que el fútbol es solo fútbol gracias a la palmadita en la espalda mediática que reciben. Pero si alguien se atreve a hacerlo, le caen palos por todos los lados, precisamente porque la gente sólo sabe ver y etiquetar en blanco y negro.

Y es lo que ha ocurrido con Gerard Piqué. Que el catalán es un bocazas no es algo que os vaya a descubrir ahora. Un tío que delante de un micro carece de cualquier tipo de filtro, y que es lo que ha granjeado el odio acérrimo de los madridistas, dentro de los odios que existen en estas rivalidades tan grandes. Pero el acoso que recibe en cada campo de España me hace pensar que vivimos en una cultura mucho más aborregada de lo que en un principio pensaba. Incluso cuando se pone la camiseta de España, los pitos e insultos al central son algo nunca antes visto para alguien de sus credenciales (91 internacionalidades y dos títulos).

Pero el tío se sigue acercando a los focos sin ningún tipo de timidez o cobardía. Uno podría pensar que lo hace por completa desidia, otros que lo hace por ignorancia, y así saldrían otras tantas razones. Yo prefiero pensar que Piqué está en una guerra.Una guerra contra nuestra sociedad. Por demostrar que no solo hay ‘buenos’ o ‘malos’, ‘patriotas’ o ‘indepes’. Que en el conflicto político que está fraccionando la sociedad española no existe blancos o negros, si no también unos tonos de gris, y que normalmente ahí se encuentra la verdad, pues los extremos nunca son buenos.

Pero sinceramente, Gerard, te recomendaría que lo dejarás. Cada día que pasa más me convenzo de que es causa perdida.

 

 

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