Hoy me he sentado a escribir, no quiero informar de nada pues, salvo que vivas en una cueva sabrás que han atentado en Barcelona y  Cambrils, en la tarde-noche del jueves y en Finlandia el viernes. De momento los muertos entre todos los atentados ascienden a 16 y los heridos a más de 130. El terror nos ha alcanzado y lo ha hecho como otras veces, en el momento menos esperado y de una forma rápida y brutal. Esta vez ha sido más cerca, ya no son los vecinos, ahora nos han atacado en casa y nada nos podía haber preparado para esto. A pesar de la experiencia con el terrorismo de E.T.A., a pesar de que los atentados han sido el pan de cada día desde los ataques de París, a pesar de todo eso, nadie está preparado.

Llegó la noticia, de nuevo ese escalofrío, esa sensación de que nadie está a salvo, la necesidad de no apartar la mirada de la pantalla. Yo repasé mentalmente si tenía algún familiar o conocido en la ciudad condal, al fin y al cabo primero miramos por nosotros mismos, nuestra naturaleza es egoísta. Pasaron las horas y la tranquilidad llegó y con ella los gritos contra el terrorismo y ese “no tenemos miedo”, pero yo si tengo miedo. Tengo miedo de que nuestra libertad se vea coartada por los terroristas y no en el sentido de que no me sienta a salvo en mi ciudad de veraneo, o que me sienta inquieto en una gran multitud. No, mi miedo es a que empecemos a juzgar, que culpemos a un pueblo que huye de la guerra y de la barbarie por todo lo que hacen un grupo de descerebrados minoritarios.

Mi miedo es a una Europa que va de cosmopolita pero que en su más profunda raíz guarda una semilla de antisemitismo más propia de principios del siglo XX que de una sociedad que se viste de avanzada y democrática. Que me priven de la posibilidad de que mi sociedad se enriquezca con nuevas culturas y formas de ver la vida. También me aterra que haya gente con tan pocos escrúpulos que empiece a usar esto como herramienta política cuando los cadáveres aún no se han enfriado, cuando aún brotan las lágrimas. Y volver a la Europa de los muros, porque aislar a una comunidad tan numerosa como es la musulmana solo lleva a más confusión, impotencia y a la postre, violencia.

Y puede parecer que todo esto son exageraciones, que no volveremos a ver a los monstruos del pasado, pero hay que recordar que de repudiarlos a perseguirlos solo hay unas elecciones en las que la ultraderecha gana. Espero que la ciudadanía no se vea superada por ese miedo a lo desconocido, espero que nos sepamos comportar como nuestros vecinos barceloneses, que expulsaron a un grupo de ultraderechistas de las Ramblas . Así que, lloremos a nuestros muertos y preparémonos, pero no culpemos a inocentes que huyen de aquellos a los que de verdad odiamos, cuando odiamos los primeros perjudicados somos nosotros mismos.

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