El pasado día 13 se homenajeaba en varias ciudades españolas a Miguel Ángel Blanco en el aniversario de su asesinato por la banda terrorista ETA. Se cumplían 20 años del secuestro y ejecución del concejal del PP de Ermua a manos del comando Donosti. Su secuestro y posterior asesinato provocaron una ola de manifestaciones en repulsa de la violencia y marcó un antes y un después en la historia del País Vasco y de España. Desde ese momento se acabó el miedo y la ciudadanía se alzó como una sola voz para pedir el fin de los atentados

 

Al homenaje en Madrid acudieron representantes de todos los partidos, así como la hermana de Miguel Ángel y la alcaldesa de Madrid. En el acto la hermana del fallecido pidió a Manuela Carmena que pusiese una pancarta de recuerdo a Miguel Ángel en el Ayuntamiento, a lo que Carmena se había negado previamente. Hubo abucheos a la alcaldesa y reproches de esta por plantear la solicitud en público sin haberlo hablado antes. En Alicante, el alcalde, del PSOE, fue señalado por miembros de su partido por negarse a colocar una pancarta en el Ayuntamiento al igual que en Madrid. Y en Getafe alguien quemó la ofrenda floral que se había dejado en la calle que lleva su nombre.

 

La controversia formada entorno a estos hechos no dista mucho de los habituales tira y afloja entre partidos y no debería ser reseñable. No voy a entrar en justificar ni condenar a ninguno de los implicados en estos conflictos porque creo que tan solo son el síntoma de un mal aún más  profundo. Lo triste es que como siempre nuestro país usa hasta las mayores tragedias como arma arrojadiza en la política. Porque parecen olvidar que un día todas las voces fueron una y espontáneamente el rechazo a la violencia cobró más fuerza que nunca. Creo que es un recurso demasiado rancio y evidente pero, aunque no lo conocí, probablemente Miguel Ángel estaría orgulloso del movimiento social que causó su muerte y avergonzado de como son ahora las cosas.

 

Durante estos días me he estado informando y lo que he encontrado me ha decepcionado, una vez más, todo lo que se consiguió hace 20 años se ve ensombrecido por los conflictos de siempre. He leído a personas que equiparan a las víctimas de ETA con las del franquismo, a otros que comparan poner un cartel de homenaje con la bandera del orgullo, hay quien reprocha al PP el uso de Miguel Ángel en la trama de financiación ilícita de para las elecciones, a la hermana de Miguel se la acusa de usar a su hermano para desprestigiar a Carmena… Y así cientos de mensajes que han convertido un bonito homenaje, no sólo a Miguel sino al propio espíritu de Ermua y a todos los asesinados por ETA, en una batalla política de desprestigio que nos hace olvidar que un día personas de todos los signos y colores se unieron para clamar contra la injusticia.

 

Vivimos en un país autodestructivo, pasional y que se resiste a reconocer las cosas que se hacen bien. Parece que más que un homenaje es una prueba de “a ver quién homenajea y cómo”, los que homenajeaban parecían estar más pendientes de señalar al que no los siguiera que pensando en la memoria de Miguel. Por otra porte los que no homenajeaban parecían estar listos para devolverlas todas, como si el no homenajear con pancartas fuera un signo de un comportamiento político superior. En fin, creo que ha llegado el momento de dejar atrás ese espíritu de las dos Españas y mirar hacia adelante, más allá, donde todos unidos podemos hacer cosas grandes, porque ha quedado demostrado que unidos valemos más que separados.
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