El colectivo de taxistas lleva protestando en todo el mundo contra empresas como Uber o Cabify prácticamente desde que se crearon. Para quien no las conozca, estas empresas ofrecen servicios de transporte a través de internet, lo que da ventajas al consumidor como el pago por internet y no cobrar bajada de bandera. Los taxistas acusan a las empresas de competencia desleal porque sus conductores trabajan sin licencia de taxi.

Para comprender la indignación de los taxistas hay que comprender que el precio de estas licencias, emitidas por los ayuntamientos de cada ciudad, ha sido objeto de especulación durante años. Se usaban estas licencias como depósito de valor, semejante al oro, y se especulaba con su precio, en Madrid llegaron a valer 170.000 euros y en Nueva York se ha alcanzado el medio millón de dólares. Por tanto, un taxista que en su día adquirió una licencia por una gran cantidad de dinero ve ahora como el valor de las licencias baja y la competencia desleal aumenta.

Una vez explicado esto, estemos de acuerdo o no lo que no se puede permitir es lo que le ocurrió al reportero de Antena 3, Raúl García, y al cámara que le acompañaba. El pasado día 29, mientras cubrían la huelga de taxis en Barcelona, fueron agredidos por taxistas que se manifestaban. Les lanzaron botes, les golpearon, zarandearon la cámara y les amenazaron. La policía tuvo que escoltarlos a un edificio cercano para alejarlos de lo que Raúl calificó de “horda enfurecida” ante la indignación e impotencia del propio enviado y de los participantes del programa espejo público.

Posteriormente asociaciones de taxistas han condenado este hecho, pero quiero poner el foco sobre el por qué de la agresión, si podemos encontrar una causa razonable para agredir a otra persona. Algunos taxistas acusaron al reportero de “comprado”, “mentiroso”… minutos antes de pasar de la agresión verbal a la física. Está muy bien defender tus derechos como trabajador, pero como trabajadores también ese cámara y el enviado intentan desarrollar su actividad laboral, no creo que se paseen micro en mano por amor al arte.

No creo que Raúl y mucho menos el cámara tengan un interés muy grande en esta huelga, ni que sean los responsables de todo lo que pueda hacer o decir el grupo Planeta. Los periodistas muchas veces son tratados como tergiversadores, mentirosos, tendenciosos y cosas peores, pero son empleados como otros cualesquiera. Si un empresario les ordena a sus empleados que vistan de rojo, no son ellos quienes eligen vestir de rojo, es eso o a la calle. Y nos dirán: “Pero es que con lo que cobran…”, discúlpeme, pero la realidad es que sólo un 10% cobran más de 70.000 euros al año, además de la alta tasa de paro del sector.

La mayoría de las veces no se dicen las cosas a conciencia, la mayoría de los periodistas no tienen días para preparar un artículo, esta prisa lleva a errores y a no contar la verdad, o mejor dicho, la verdad que cada uno queremos, pues no existe una verdad absoluta. Es cierto que depende de para quien escribas tiras más hacia una tendencia política o hacia una posición más a favor o más en contra de la noticia. Pero es lo normal, ¿Acaso no hace todo el mundo lo que sus jefes les dicen? ¿Debe tener el periodista, por el hecho de serlo, una conciencia superior que le lleve a ser el guardián de la verdad?. Hay una idea, muy aceptada por la sociedad, de que los periodistas son una suerte de caballeros andantes que viven del aire y que si se equivocan o dan un punto de vista u otro es por propio interés.

 

El de periodista es un trabajo como otro cualquiera, yo no me convierto en un energúmeno si no me gusta como el sector de la albañilería alicata los baños. Si tan fácil es ver la verdad absoluta y desempeñar un trabajo de pulcritud como periodista, animo a los críticos a dedicarse a ello. Mientras se deciden, que dejen trabajar.

 

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