Allá va otra vez. Acaba de escribir con su puño y letra, la historia de la Copa de Europa. Noche del 2 de mayo y el luso fusila tres veces los sueños de un club que se siente más pequeño que él. Te odio, Cristiano Ronaldo. No por destrozar el sueño de millones de aficionados colchoneros, si no simplemente porque el autor de semejante crimen eres tú. Siento una rabia magnética hacia ti. ¿Por qué?

    Durante años y años han querido tumbarte, tumbar lo que significas, incluso en tiempos recientes desde dentro de tu propia casa. Yo no tengo ninguna filia por el Real Madrid – más bien al contrario – pero conozco de antemano sus entresijos y sus claroscuros. Un escudo de hierro forjado durante años y años de triunfos europeos, y llega un portugués que te lo pone todo patas arriba. Toda esa mística de los once mejores, del esfuerzo colectivo, tirada a la basura. Una sola persona y escudo se funden en una misma entidad: el ganador por excelencia. ¿Para qué quieres a los mejores si los problemas los resuelve siempre el mismo? Muchos hablarán de creatividad croata, de magia brasileña, de fiabilidad alemana… pero al final lo que cuenta es el gol. Decía Bill Shankly que si estás en el área y no sabes que hacer con la pelota, métela en la portería y luego discutimos las alternativas. Cristiano es la encarnación de esa máxima.

     He criticado tu falta de goles en partidos importantes, y me has callado la boca. No solo eso, también dije que el equipo a veces pierde por ti. Pero me has hecho lanzar la vista atrás y darme cuenta de que en los fracasos no eras tú quién fallaba, eran los demás quiénes lo hacían. Me he burlado de tu actitud chulesca y egocéntrica, pero me he dado cuenta de que ¿no tiene derecho prácticamente el mejor del mundo a creérselo? Te odio, Cristiano Ronaldo.

     He hecho hincapié en tu falta de compañerismo en el campo. Me has demostrado que meter goles y más goles es la mejor manera de ayudar a los otros diez. He hablado de tu escaso madridismo, pero me has enseñado que uno es de unos colores por hechos, no por palabras. Y más hechos que tú no los pone nadie sobre la mesa. Te odio, Cristiano Ronaldo.

     Donde antes veía suerte, ahora veo que es muy difícil tener más de 500 veces suerte. Donde antes solo veía goles “de empujarla” sin ningún valor, ahora veo una extraordinaria capacidad de desmarcarse. Donde antes restaba importancia a los goles de penalti, ahora veo a otros grandes fallar desde los 11 metros mientras tu permaneces inexpugnable. Donde antes veía una estrella acabada, ahora veo una leyenda cuya chispa, de una manera u otra, parece nunca acabarse. Por todo esto te odio, Cristiano Ronaldo.

     Pero sobre todo te odio porque me jode darme cuenta de que mi odio, y el de otros muchos, solo te hace ser más excepcional, más legendario, más Cristiano. ¿Te he dicho ya que te odio, Cristiano Ronaldo, por demostrarme que estaba equivocado?

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