No descubrimos nada diciendo que, a día de hoy, las tiendas de discos no atraviesan por su mejor momento. En paralelo a otros lugares de consumo cultural, como los videoclubs para el ámbito cinematográfico, los establecimientos donde tiene cabida la música en formato “físico” sobreviven con mucho esfuerzo.

     Si uno se deja caer por lugares como el “Estación Sonora” de Palencia, además cercano a la calle Mayor (por lo tanto, un sitio céntrico y, en principio, bien ubicado) el dependiente se alegra ya solo de tu propia presencia. A la mínima, incluso te comenta entusiasmado su enorme catálogo donde cabe de todo: rock, pop en español, country, blues, heavy metal, bandas sonoras… Se queja de la falta de constancia de clientes que, salvo casos aislados, se quedan con las novedades pero no se molestan en observar su fondo de catálogo.

     El muy oportuno artículo de Diego Manrique sobre la formación musical de los nuevos consumidores de música da alguna pista al respecto. La música de las nuevas generaciones se encuentra por todas partes: Spotify, Itunes, Youtube. Ahí es donde triunfa lo viral, lo del momento, en perjuicio de otras músicas con más arraigo y consideradas “más de padres”.

     En todo caso, siempre queda un público fiel (aunque minoritario) que apoya fenómenos dentro del mundillo “indie” y que no le importa gastarse unos euros si cree que el producto lo vale: Love of Lesbian, Los Planetas, Izal, Lori Meyers, Sr. Chinarro…En esta categoría podría incluirse hasta fenómenos del rock como Extremoduro y su cantante/letrista Robe Iniesta, de escasa promoción y apoyo mediático.

     Más allá de las novedades (comenta que el último de Sabina ha empezado a venderse a buen ritmo) o de éxitos post-mortem (David Bowie y Leonard Cohen, en especial), nuestro guía en este mar de CD, vinilos, DVDs y otros souvenirs nos despide diciendo: “Lo importante es mantener la afición. Que tú llegues y se lo cuentes a varios para que esto siga funcionando”.

Que así sea.

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