“Que yo recuerde, desde que tengo uso de razón, siempre quise ser un gángster…”.

    Con esta reflexión empieza una de las películas más célebres que se han rodado sobre la mafia, dirigida por uno de los “rey Midas” de la industria cinematográfica: Martin Scorsese (casi todo lo que toca este hombre es oro). Aunque ha retratado al hampa en otras ocasiones (Malas calles, Casino), podríamos decir que Uno de los nuestros (Goodfellas, 1990) es su visión más profunda y detallada del submundo del crimen organizado.

    Basado en un libro del periodista y reportero Nicholas Pileggi, que narra la historia de Henry Hill, un asociado de la familia mafiosa Lucchese que se convirtió en informante del FBI, y construida a partir de las confidencias del propio Hill, la película sigue fielmente la línea narrativa del libro, tomándose algunas pequeñas licencias para la dramatización.

    Como bien indica su eslogan: “Tres décadas en la vida de la mafia”, la cinta es una épica de casi 2 horas y media de duración que narra los altibajos de la vida de Henry Hill. De hecho, tiene bastantes paralelismos con una obra de Scorsese más reconocida para el público actual: El lobo de Wall Street, solo que cambiando un bróker de bolsa por un mafioso. Presentan ambas sellos de identidad similares, como la narración autobiográfica, los personajes en idilio corrompidos por la irresponsabilidad y los excesos, etc.

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    Somos testigos de la vida de Henry Hill (Ray Liotta), que desde joven ve como modelo a los mafiosos que hacen su vida enfrente de su casa en un pequeño barrio italoamericano de Brooklyn, Nueva York, en los años 50. El adolescente Henry deja la escuela para trabajar en lo que para él, es la vida idílica, ganando dinero a costa de hacer entre poco y nada.

Para mí, ser gángster era muchísimo mejor que ser presidente de los EE.UU…”

    La trama avanza con Hill “haciéndose hombre”: lo que para los rufianes italoamericanos era ir por primera vez a juicio, donde el joven Henry lo niega todo a cal y canto. Junto a él trabajan, espalda con espalda, Jimmy Conway (interpretado por un Robert de Niro que vuelve a encandilarnos con un papel de criminal aunque totalmente distinto al Vito Corleone que le valió un Óscar en El Padrino II), un irlandés amigable, pero frío y calculador cuando hay que ponerse manos a la obra; y Tommy DeVito, un sociópata de pequeña estatura con cierta tendencia a tomarse las cosas a mal y gatillo muuuy fácil (cóctel explosivo), interpretado por un Joe Pesci en absoluto estado de gracia.

    La película acierta mostrándonos la parte positiva y la negativa de la vida gángsteril, aunque creo que el tono general es de un estilo de vida oscuro, triste y dificultoso. Puede escaparse a una lectura más superficial, muchas veces se ve a nuestro estimado protagonista apurado e incómodo con la vida que tanto había idolizado. Se nos muestra un submundo decadente en el que se vive entre traiciones y mentiras: quién es tu amigo, en un momento pasa a ser tu enemigo.

    Escapando del ochentismo exacerbado impuesto por el El precio del poder (Scarface) de Brian De Palma, nuestro amigo Martin recupera los ambientes más clásicos: la década de los 50 y 60, recuperando el sabor clasicista de El Padrino y El Padrino Parte II de Francis Ford Coppola (que aquel mismo 1990 estrenaba el cierre de la trilogía con la tercera parte). De hecho, Uno de los nuestros pelea con las dos primeras entregas por ser el ejerciente de mayor influencia estética y visual en el universo cinematográfico de la mafia.

    Porque son muchas las escenas para la memoria que contiene, en especial cuando después del golpe a la Lufthansa empiezan a aparecer cadáveres relacionados con el atraco mientras suena la coda de piano de Layla de Eric Clapton (Derek & The Dominoes). Simplemente sublime.

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    Por otro lado, a diferencia de El Padrino u otras, Scorsese no nos sumerge en las altas esferas del crimen organizado (el Don y los consigliere). Nuestros protagonistas son solamente unos “asociados” (a los que tienen en alta estima, eso sí): son de ascendencia irlandesa. Y para ser miembro absoluto de la familia hace falta tener ascendencia 100% italiana. El mayor pez gordo que nos presentan es a Paul Cicero (interpretado por un soberbio Paul Sorvino), un caporegime (capitán) que en palabras de Henry: “Paulie casi no se movía, porque no necesitaba moverse por nadie”.

    Aunque es una gran película, para servidor, se queda corta en algunos aspectos. Quiere abarcar tanto “espacio” que en algunas partes parece desamparada. Creo que hay otras mejores. Pero aún así, si quieres una visión detallada de como es la vida de un gángster: sus ritos, supersticiones, creencias… Esta es tu Biblia. Y lo que aquí narran… bien, puedes tener la certeza de que es real.

8,5 de 10

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