Existe hoy en día un clima de crispación, todos piensan que son atacados , en cuanto se dice cualquier cosa siempre alguien encontrará la forma de ponerlo en tu contra, darle la vuelta. Cualquier afirmación puede ser llevada al patíbulo ante una interpretación hecha por un cualquiera. En muchas ocasiones este problema surge cuando no se bucea bien en un texto y en lo que quiere decir en realidad, esto puede llevar erróneamente a los artistas de los escritos de opinión a simplificar sus ideas para que hasta el más patán pueda comprenderlas con claridad.

     Este es el caso que vamos a narrar a continuación. De todos será conocida la figura de Arturo Pérez Reverte, escritor, periodista, corresponsal de guerra, académico de la lengua y algo ,que a mí me gusta llamar, guerrero de la pluma. Porque nadie puede negar , aunque no comulgue con sus ideas, la habilidad de este señor para usar la palabra como si de un florín se tratase, ejemplo de ello fue el brillante enfrentamiento con su compañero en la RAE Francisco Rico.

     Pero lo que hoy me ocupa es la reclamación del portavoz de En Marea en el Congreso, Antón Gómez-Reino, que pidió explicaciones al Ministerio de Asuntos Exteriores y a la Agencia Española de Cooperación por conceder el premio Don Quijote de periodismo al académico Arturo Pérez Reverte. La razón de esta reclamación se basaba en acusar a Reverte de xenófobo por comparar a los refugiados con bárbaros que vienen a invadir Europa. En esta primera acusación se vislumbra el fallo de la formación, pues doy por hecho que no fue el señor Antón por su cuenta y riesgo quien hizo estas acusaciones, la falta de madurez intelectual. Problema debido al hecho de que parecen no haber leído el texto hasta el final, pues no todo es lo que parece y hay que leer las cosas más de una vez para captar su esencia.

     En el texto, a mi modo de ver, Reverte plantea la actualidad que vivimos como una repetición de los hechos que acontecieron en el pasado y lo titula “Los godos del emperador Valente“, la comparación de de refugiados con los godos se hace sin una connotación negativa. Lo que pretende advertir Reverte es la caída de nuestro actual “Imperio Romano” en un futuro por los cambios demográficos y sociales a raíz de estos movimientos masivos de población que están generando y van a generar inevitables conflictos. Ante esta realidad propone dos actitudes ante lo inevitable :

-Buscar el consuelo en analizar lo ocurrido para, no pudiendo evitarlo “al menos comprender por qué todo se va al carajo. Como ese romano al que me gusta imaginar sereno en la ventana de su biblioteca mientras los bárbaros saquean Roma. Pues comprender siempre ayuda a asumir. A soportar.”

La otra actitud para mi resume lo que quiere decir Reverte con todo el texto y me voy a permitir la licencia de citar sus palabras para que los lectores vean que no me lo invento: “La otra actitud razonable, creo, es adiestrar a los jóvenes pensando en los hijos y nietos de esos jóvenes. Para que afronten con lucidez, valor, humanidad y sentido común el mundo que viene. Para que se adapten a lo inevitable, conservando lo que puedan de cuanto de bueno deje tras de sí el mundo que se extingue. Dándoles herramientas para vivir en un territorio que durante cierto tiempo será caótico, violento y peligroso. Para que peleen por aquello en lo que crean, o para que se resignen a lo inevitable; pero no por estupidez o mansedumbre, sino por lucidez. Por serenidad intelectual. Que sean lo que quieran o puedan: hagámoslos griegos que piensen, troyanos que luchen, romanos conscientes –llegado el caso– de la digna altivez del suicidio. Hagámoslos supervivientes mestizos, dispuestos a encarar sin complejos el mundo nuevo y mejorarlo; pero no los embauquemos con demagogias baratas y cuentos de Walt Disney. Ya es hora de que en los colegios, en los hogares, en la vida, hablemos a nuestros hijos mirándolos a los ojos.”

     Con todo esto lo que vengo a decir es que hay que leer varias veces un texto antes de hacer un juicio a la torera para evitar momentos bochornosos fruto de nuestra estupidez, no quiero decir que haya que ser perfecto sino que de vez en cuando hay que parar, contar hasta 10 y pensar lo que se va a decir. Seguir estas premisas debería ser credo para todas las personas y más para los políticos, yo puedo decir barbaridades en un bar, pero una acusación en el Congreso es otro tema.

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