Es comúnmente sabido que los orígenes de este estilo musical y por consiguiente del perreo se remonta a finales de la década de los ochenta y principios de los noventa. Lo que no está claro es su lugar de origen ya que se especula que podría ser Puerto Rico o Panamá. Los ritmos que influyeron en este género son el reggae y el rap.

Se podría decir que el reggaeton de siempre ha sido tachado de machista debido a sus letras cuya temática a menudo gira entorno a una mujer. Hay diferentes formas de hablar sobre una mujer y no es que “Yo quiero azotarte, domarte
pero lo malo es que te gusta” (Mala Conducta-Alexis y Fido) sea la mejor forma.

Entonces si tan claro parece que el reggaeton es machista, ¿por qué se puede considerar que en algunos aspectos puede resultar feminista?

Para empezar se puede poner el ejemplo de otros tantos bailes en pareja como el tango, donde el que marca los pasos es el hombre, al igual que en la mayoría de los estilos. En cambio, parece ser que durante el perreo la que dirige es la mujer.

Otra de las críticas más comunes que se hacen al perreo es que los movimientos son similares a los que se realizan manteniendo relaciones sexuales, lo cual “denigra” a las personas que lo bailan (sobre todo a las mujeres). Este argumento está fundamentado en una sociedad que estigmatiza el sexo y está demasiado sensibilizada a los mensajes subliminales que se agrandan si en juego está el cuerpo femenino, hipersexualizado hasta tal extremo que una simple invitación a un baile a un hombre puede ser tomado como una invitación a algo más. La solución es tan simple como enseñar a los hombres que el cuerpo de una mujer no es un objeto fabricado para ellos: “Demos gracias a Dios que creó a Eva a partir de la costilla de Adán”, notese el sarcasmo.

El feminismo actual cada vez está más sensibilizado respecto a estos matices relativos al reggaeton y el perreo, y como respuesta a todas las acusaciones aparecieron las primeras feministas reggaetoneras como Bittah o la más importante Ivy Queen.

 

 

Es cierto que no es música tan comercial como la que hacen sus compañeros de oficio; por ello es necesario que las sociedad se conciencie de que existe una alternativa no nociva para la mujer, alternativa cuyo auge sería el fin de letras que chorrean testosterona y un pequeño paso hacia la liberación de la mujer en la comunidad de todos los fans de este género musical.

No se puede tachar de machista un género, machistas son los “artistas” que escriben las letras. El Heavy Metal, un género respetado no solo por los melómanos, sino en general por todos, de siempre ha sido un género dominado por hombres con letras misóginas; aún así, nunca ha sido tachado de machista. Debido a que todo género musical puede ser víctima de la sociedad patriarcal en la que vivimos, se debe prestar especial atención por dónde aparecen esas ideas que desprecian a la mujer y erradicarlas de raíz para crear un mundo más equitativo para las generaciones futuras.

 

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