Como la mayor parte de la gente sueño más despierta que dormida. Pero si Descartes —filósofo francés del S.XVII— basó su teoría en la desconfianza de los sentidos y en pensar que la vida era un sueño, yo me concedo la licencia de soñar despierta. No soy la única que lo hace. Sin ir más lejos, la Alicia de Lewis Carroll pensaba 7 cosas imposibles antes de desayunar, algo que te ayuda a pensar y a explotar tu imaginación. Y ahí radica el problema de todo, a la gran mayoría de personas no les gusta pensar y se sienten cómodos en su ignorancia. Todo es mucho más fácil si tienen un tutor —como decía Kant— que los guía hasta salir de su “culpable minoría de edad”, es decir, de la imposibilidad de valerse por ellos mismos.

La LOMCE ha conseguido su propósito: arrancar la filosofía de cuajo. Solo comunidades como Cantabria y Andalucía han conseguido mantener como obligatoria esta asignatura en 2º de Bachillerato. Este año le ha llegado el turno a Castilla y León, y la filosofía se ha convertido en una de las materias optativas. Supongo que es preferible tener médicos, informáticos, carniceros o mecánicos, total, los filósofos solo filosofan. O eso es lo que la mayoría opina. Sin embargo, me parece una crueldad quitar algo que no solo nos ayuda a pensar, sino que nos da la posibilidad de ser críticos, de plantearnos cuestiones esenciales y de saber o, al menos, suponer el porqué de las cosas.

¿Cómo será el mundo con personas que no sepan quién es Platón, Aristóteles o Nietzsche? ¿Qué será de la idea de que “el hombre es un animal político” o del “cogito, ergo sum”? Habrá que acogerse a la idea de que existir en la realidad no es más perfecto que existir en el pensamiento, porque a eso se reducirá la filosofía, a un pensamiento. Espero que como el ave fénix sepa resurgir de sus cenizas.

 

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