Nos ha dejado Pedro Fernández Castillejos, “el que fuera Perico” uno de los nombres mayúsculos del boxeo nacional, en la categoría peso ligero,a los 63 años dejando tras de sí un legado ya deslucido. En 1973 vence a Kid Tano, y se proclama campeón de España. En 1974 vence a Toni Ortiz, convirtiéndose así en campeón de Europa, lo que le lleva, ese mismo año, a combatir con Lion Furuyama llevándose el título a casa. El 19 de abril de 1975 defiende el título mundial ante João Henrique, batiéndolo por K.O., ese mismo año perderá ante el tailandés Suansak Muangsurin, lo que significará en términos prácticos el principio del fin de su carrera, que se constató al perder de nuevo en una revancha en 1977.
    Después de colgar los guantes en 1987 se dedicó a la pintura con cierto acierto hasta terminar sus días en la indigencia, viviendo de la caridad, para luego ser trasladado bajo tutela del gobierno aragonés a un sanatorio mental de Zaragoza, donde agotaría sus días. De el apenas se sabía en los últimos días fuera de un homenaje en 2012 y algún reportaje ocasional de diversas televisiones. Es el ejemplo perfecto de lo que ocurre cuando una leyenda cae en el olvido y queda olvidada en una esquina cogiendo polvo y herrumbre.
    De él queda la superación de un joven, hijo de una prostituta, abandonado en un hospicio, que salió adelante gracias al boxeo a a una bravura y coraje que se convirtieron en su sello de identidad. Descansa en paz Perico.
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