Este año no ha sido el autor de ‘Kafka en la orilla’ , ni  Don DeLillo, ni el poeta árabe Ali Ahmad Said Esber ‘Adonis’ los ganadores del prestigioso premio sueco de Literatura, sino el cantante, poeta y músico estadounidense Bob Dylan. Tan pronto como su nombre salió del sobre, las redes estallaron: incomprensión de muchos, descontento de otros y en una minoría, alegría reflejada en ‘tweets’ de fans del autor de ‘Like a Rolling Stone’. Y es que la indignación de este premio toca techo al ver que el veterano poeta no contesta a las llamadas.

Dylan, en su juventud, fue una de las voces más importantes en el movimiento estudiantil contra la guerra de Vietnam. Demostró, junto a otros cantautores, que una canción podía desembocar en una revolución.  Avivó la llama cultural del movimiento antisistema que ondeaba en las universidades norteamericanas durante los años 60.  Destacamos ‘Masters of War’ , que aparece como una puñalada directa hacia los mandamases de la guerra:

“You that build the death planes. You that build all the bombs

You that hide behind walls. You that hide behind desks

I just want you to know I can see through your masks”

Llega un momento en la vida de un artista en el que el camino se bifurca, en el que es más difícil seguir sus principios que coger un fajo de billetes. Dylan siempre ha sonado en mi casa, siempre ha estado presente en mi vida, por eso, personalmente, me duelen algunos de sus ‘resbalones artísticos’.

No sabemos que pasará con este premio, si, objetivamente, está bien merecido, o, como piensan algunos, la honestidad de los Nobel se perdió hace años. Con la melodía de una de las canciones más famosas de nuestro protagonista en mi cabeza, solo se me ocurre decir que ‘la respuesta, amigo mío, está ‘flotando’ en el viento”.

 

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